Ignacio Bravo: "No hay afición, es una guerra de vanidades"

Tras año y medio al frente del Comité Técnico de Jueces de ANCCE, en julio de 2017 decidió abandonar el cargo y reincorporarse plenamente a su actividad cotidiana, en diversas facetas, pero siempre con caballos. Ignacio Bravo se ha ido del cargo dejando su huella en un proceso que ha culminado con la creación de un manual de juzgamiento y unos sistemas de control sobre los jueces, que marcan un antes y un después en los concursos morfológicos de la raza.
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Ignacio Bravo: "No hay afición, es una guerra de vanidades"
Ignacio Bravo: "No hay afición, es una guerra de vanidades"

La mejor forma para hablar distendidamente con Ignacio Bravo es ir hasta su rincón extremeño, a su finca en Burguillos del Cerro, en la provincia de Badajoz, cerca de Zafra. Allí pasa sus horas entre caballos, muchos caballos y yeguas de su ganadería Solera Bravo y de clientes que confían en su conocimiento para supervisar la formación de sus productos. Es feliz en ese mundo, se siente cómodo, porque es un hombre de caballos, jinete, ganadero, juez, asesor,….., que habla sin prejuicios y al que poco le interesa la política del mundo ecuestre.

Y hasta Burguillos nos fuimos en un tórrido día de finales de junio, en el que la actividad en la ganadería seguía su curso a pesar de los 40 grados reinantes. Bajo la sombra de unos grandes eucaliptos, una joven amazona evoluciona con un caballo de la casa sobre una pista irregular, bajo la atenta mirada de Ignacio, quien supervisa personalmente la evolución de todos los productos de su casa, haga o no haga calor. Sabe que vamos a hablar de su paso por el Comité de Jueces y enseguida nos aclara que todos los acontecimientos se han desarrollado según lo previsto. “Me había comprometido a estar un período de tiempo que era el que yo me podía permitir, porque yo trabajo en el sector del PRE y eso genera incompatibilidades que con el cargo, me impedían trabajar. Trabajaba antes de estar en el comité y volveré ahora a trabajar de nuevo. Como ganadero, como jinete, como asesor de ganaderías,… por eso hace años que no juzgo”.

Ignacio Bravo siempre mantuvo una muy buena relación profesional y personal con Juan Tirado, actual presidente de ANCCE, aunque relaciona asegura que no fue ese el origen de su incorporación al equipo dirigente de la asociación en el ámbito de los jueces de concursos. “Fue Pedro Vallejo, que estaba en la comisión de concursos, quien me lo pidió. Lo pensé y me sentí dispuesto a hacerlo, a colaborar. Pedro ya no está, pero su salida no fue por cuestiones relacionadas con el comité o con los jueces. Los técnicos trabajamos gane quien gane y haya la política que haya. Cuando te llaman pidiéndote el voto tuyo o el de las ganaderías a las que trabajas, siempre lo dices, me parece bien todo y votas a quien consideras que va a profesionalizar más el sector. Pero sabes que vas a trabajar en el Caballo Español gane quien gane”.

Ignacio Bravo explica que su dimisión estaba prevista, en función de los plazos que se había marcado para poder retomar su actividad profesional.

Ignacio Bravo explica que su dimisión estaba prevista, en función de los plazos que se había marcado para poder retomar su actividad profesional.

Insiste en que la profesionalización es imprescindible y que tiene que venir por todas partes y en todos los ámbitos.

Y en esta etapa, a Ignacio Bravo le correspondió trabajar en un terreno, el de los jueces de concursos morfológicos, que él conoce bien. “La idea que yo llevaba en principio era más de analizar los juzgamientos y corregir matices que no se ajustasen al manual, a las normas que se habían puesto, pero al final hemos trabajado mucho en otros temas menos atractivos y menos comprensibles como recordarles a algunos compañeros jueces temas de incompatibilidades o de ética; hubo que trabajar en un nuevo código ético, en modificar reglamentos, cosas que había que hacer aunque no eran las más atractivas”. En su opinión, las circunstancias obligaban a dar preferencia a estos asuntos, “porque te llegaba una incidencia o una denuncia de un ganadero y no tenías las herramientas para poder decirle algo al juez y para buscar una solución. Las quejas que llegan al comité son muy diversas, hay de todo; unas denuncias son rabietas de perdedores, otras están promovidas por la envidia y hay otras que son bastante profesionales; cada día son más profesionales y razonadas. Por ejemplo, cuando te llega la denuncia de un ganadero que dice que un juez le ha juzgado un caballo cinco veces y que hay una diferencia 7 puntos de la mejor puntuación que le otorgó a la peor, hay que entender que está en su derecho. Si nosotros vemos el video y nos sale más o menos la misma puntuación en todo, algo ilógico está pasando. Entonces hay que llamar al juez y preguntarle; te puede decir que el compañero le ha aportado un dato que él ha visto que era válido y ha aprendido o te puede decir que ya sabes que los caballos cambian mucho y entonces estás viendo que él va de paquete, que está influenciado por el compañero. El problema original era el del consenso, hay muchos ganaderos que no lo quieren, pero el consenso es la única manera de unificar y de enseñar a todo el colectivo el mismo criterio, porque 4 ojos ven más que 2. Luego hay ganaderos que te preguntan, ¿qué pasa cuando te llega un juez “alfa”, un juez que influye sobre el otro? Para eso está el comité, para eso están las normas y el conducto reglamentario que se ha marcado. Si ocurre eso hay que analizarlo y corregirlo”.

Insiste en que la profesionalización es imprescindible y que tiene que venir por todas partes y en todos los ámbitos.

Bravo considera que el manual es una magnífica herramienta, que ha contribuido a poner orden.

Formación y transparencia

La revisión que el actual equipo directivo de ANCCE hizo de la situación, con la creación de un comité técnico de jueces y de un manual de juzgamiento, provocó muchas reacciones contrarias. No todos, pero algunos jueces de cierto “caché” se mostraron reacios a aceptar unos sistemas de juzgamiento que suponían someterse a un control por parte de un comité en otro tiempo inexistente. Ignacio Bravo quita hierro a la hora de valorar la situación y nos hace una descripción significativa de los modos al uso en torno a los concursos morfológicos. “No creo que ahora haya más reacciones contrarias que antes, más bien creo que hay menos. Ha habido jueces disconformes, pero seguro que están más descontentos todavía aquellos ganaderos que utilizaban la presión. Si tú antes a un juez lo criticabas mediáticamente y luego comías con él y le perdonabas, a lo mejor te ganabas su respeto y te ponía unos puntitos más. También había casos en los que un juez sabía que tenía que respetar mucho a determinado ganadero porque su queja podía llegar a buen puerto por sus contactos políticos. Eso ahora ya no sirve de nada, porque la presión la tiene el comité. Y el comité es responsable de la formación y lo que el comité ha hecho en cada caso concreto ha sido analizarlos, exponiéndolos en las reuniones de jueces. Cuando todos los compañeros hemos visto que una yegua que ganó en determinado concurso estaba coja y que no podía aprobar los tres aires y que sin embargo en el concurso se le había puesto un 6 o un 7 para que ganase, unánimemente el colectivo corrobora su error y al siguiente concurso ese juez ya está más fino. Antes era una cuestión de peleas entre el propietario del ganador y el perdedor, lo que se estaba dirimiendo era ver quién tenía más poder político, eso sí que suponía un grave problema. Pero ahora cada día hay más transparencia y hay gente que no termina de aceptar que esto tenga un cierto orden”.

Un orden, un nuevo modelo de gestión para el funcionamiento y juzgamiento de los concursos morfológicos que está teniendo una consecuencia fácilmente observable si se hace un seguimiento de los resultados: en ellos aparecen como ganadores productos de ganaderías que raramente aparecían en puestos de honor en un pasado aún reciente. Ignacio Bravo resalta que “está viniendo gente que había perdido la esperanza y que regresan, junto con ganaderías nuevas. Muchos ganaderos habían tirado la toalla, habían dejado de ir a concursos y el hecho de que ahora estén volviendo tiene su lógica, porque el que ahora tiene un buen caballo, dispone de un manual que lo defiende y una vía para velar por su cumplimiento, que es el comité de jueces. La pena es que el comité no pude darles una solución inmediata a sus reclamaciones, hay que esperar a que llegue la incidencia, a que se reúna, pero hay una vía abierta para que la calidad tenga su defensaEl comité debería reunirse con mucha más frecuencia, con más agilidad, para que la gente recupere toda la esperanza, es importante que no lleguen cinco o seis meses después las soluciones para las incidencias abiertas”.

 

 

 

Bravo considera que el manual es una magnífica herramienta, que ha contribuido a poner orden.

“Al final el caballo es lo que importa”, insiste el jinete, juez y ganadero extremeño.

Hábitos de juzgamiento

Ignacio Bravo considera que los últimos tres cambios de reglamento han tenido una aplicación muy relativa siempre y que nunca se han aplicado al cien por cien. Considera que este último que se ha realizado es el más completo y también el que más trabajo ha costado que se aplique, “porque ha habido siempre unos hábitos de juzgamiento no reglados que eran muy difíciles de aplicar y de controlar. Cuando había una protesta que tenía peso suficiente para ser estudiada, se consultaba a algún juez de cierto prestigio, pero quieras que no esa parte humana se dejaba notar, porque hay criterios personales, relaciones, amistades,…. En cambio ahora el manual acota más las puntuaciones, determinado defecto, sea el caballo de quien sea, no te permite subir la nota más allá de un límite. Eso está escrito, delimitado. Lo que hace falta ahora es que la calidad se valore lo suficiente, porque si no quedan todos los caballos bajos, que es el problema que ha habido al aplicar la nueva reglamentación. Nosotros cuando trabajamos en el manual nos fuimos a Yeguada Militar, hicimos las prácticas, luego vinimos, corregimos cosas, porque había regiones que juntaban demasiados parámetros y entonces era muy difícil que te saliese una nota alta. Y cuando ya lo teníamos más o menos perfilado, hicimos las prácticas y los caballos nos salían más altos de puntuación que hasta entonces. También cambiamos la definición de contexto del “10”, que ponía “perfecto” y le pusimos “óptimo”, intentando que se utilice el “10” o al menos el “9,5”. Pero también es una cuestión de seguridad, porque si a ti tus profesores nunca te han enseñado un “8” en aplomos, tú nunca vas a poner un “8” en aplomos. Entonces te tienen que dar los cursos enseñándote el “10”. Ahora el manual te dice hasta donde.

Cuando los jueces no tienen el suficiente criterio en una cuestión, sea anatómica, sea racial o de movimientos, tú te mueves en un margen de notas muy pequeño. Aunque apruebes, aunque estés en lo correcto, esa duda hace que no te muevas del “6” y del “7”, no vas a penalizar nunca con un “2” o con un “3”, ni vas a poner un “9” o un “10”. Pero por lo menos se ha conseguido que una sección de SICAB no tenga diez caballos metidos en un punto, ahora los diez primeros caballos cogen un 40% de la tabla de puntuación.

Hay un hábito de puntuar suave, sin ofender y lo que hay que hacer es puntuar alto lo bueno. Para un tutorial en el que estoy trabajando he analizado las notas del último SICAB y en ellas hay dos “9” en cabeza y tres en cuello. En un certamen en el que se considera que están los mejores debería haber más notas de “9”, ¿no? Y algún “9,5” o incluso algún “10”. Y por supuesto, en lo que respecta a las notas de aplomos y de extremidades, las más altas están en el “7”, no se han atrevido a poner más. Eso no es lógico”.

El actual panorama, con el manual, con el control del comité, contribuye, en opinión de Ignacio Bravo, a que los jueces vayan ganando en confianza. “Y los ganaderos” -añade-, “porque la profesionalización tiene que venir por todas partes, por participantes en concursos, jueces, comité de control… Vamos en el camino hacia una profesionalización necesaria, porque estamos todos en pañales en comparación con otras razas de silla. Ahora han entrado en el círculo jueces que no habían juzgado en los últimos 4 o 5 años, e incluso alguno más, y la apertura democrática y querer hacer las cosas bien les da el derecho a juzgar; puede ser que haya alguno que sea mejor que lo que teníamos hasta ahora y al contrario, seguimos teniendo jueces que han juzgado mucho, que están considerados como buenos y que no han aceptado las normas, que han seguido pensando que ellos estaban por encima de ellas y se han salido de la lógica. Otros en cambio, a pesar de haber tenido épocas de una vehemencia grande y de un criterio particular sólido, cuando  se les han marcado unas directrices se las han estudiado y las aplican a fondo. Hay de todo, pero desde luego tenemos un camino claro establecido, que si se mantiene al margen de la política y lo dejan desarrollarse, nos hará progresar. El problema es cuando alguien quiere tener una llave para entrar en todo este proceso y manejarlo por intereses, sean los políticos, los propios jueces, los ganaderos, los participantes o los comités organizadores. Eso es lo que hay que evitar”.

“Al final el caballo es lo que importa”, insiste el jinete, juez y ganadero extremeño.

Bravo vuelve a ocupar todas las horas del día en atender y entrenar a sus caballos.

En el buen camino

De momento, el proceso de transformación está en marcha, el manual se está aplicando y el comité desarrolla sus funciones con normalidad, incluso aplicando sanciones a aquellos jueces que se han resistido a aplicar las nuevas directrices. “No ha habido más sanciones porque el reglamento no lo permitía”, puntualiza Ignacio Bravo, quien se muestra bastante crítico con determinadas posturas de jueces. “Yo presumo de que conozco el sector, me presenté a morfológicos por primera vez en el año 1973, he estado de secretario de los jueces, de juez, de presentador, de ganadero, de sufridor, de todo. Y en el colectivo de compañeros jueces, concretamente, hay de todo, desde el “niño pequeño” al que le tienes que estar recordando las incompatibilidades o las cosas que pone el reglamento como si tú fueses su padre o su profesor de párvulos, hasta el que se pone el mundo por montera y piensa que él está por encima de todo, que te dice que ha juzgado más de 10.000 caballos y que para él no hay nadie que pueda decirle nada, ni manual, ni reglamento, ni ninguna norma escrita que esté por encima de su propia inspiración. Pero la mayoría son profesionales y el ambiente es bueno, una norma común a todos facilita y ayuda”.

No obstante, Bravo reconoce que el tema de las incompatibilidades “es muy delicado y serio; el problema es que al final va a tener que juzgar los caballos el párroco del pueblo o el verdulero. El caballo es una pasión de vida y cuesta mucho trabajo comprender la teoría escrita en una papel y entonces, al que no toca un caballo le cuesta muchísimo más trabajo entender que al que está acostumbrado a hacerlo. Como consecuencia es muy difícil que un técnico no tenga incompatibilidades, porque lo más probable es que tenga algún vínculo de trabajo dentro del sector. Aunque pongas un juez que está virgen completamente, que lo traigas de otro país, de otra raza, lo pones a juzgar y al tercer concurso ya tiene incompatibilidades, porque el mismo roce las genera. El ganadero se preocupa por conocer al juez, por hacerse amigo y ahí hay de todo, como está la vida hoy en nuestra sociedad puede ocurrir de todo y es muy difícil que no haya incompatibilidades. Por eso lo importante es el control, porque es una pena prescindir de técnicos que tienen mucho valor por sus conocimientos. Con un comité que reamente funcione y controle, no tendría que tener tanta trascendencia la cuestión de las incompatibilidades”. 

Reconoce los problemas, es consciente de los riesgos y de las dificultades, pero en su adiós al cargo de presidente del Comité Técnico de Jueces, Ignacio Bravo se muestra optimista sobre el futuro para los jueces y su independencia y rigor en los concursos morfológicos de Pura Raza Española. “Yo creo que hemos iniciado un buen camino, que hay que dejarlo que ruede y esperar a ver los resultados. Optimista he sido siempre y creo que esto va profesionalizándose muy lentamente porque la exigencia del mundo del morfológico es muy pequeña, pero se va profesionalizando. Y ojalá la política no afecte a algo que está en marcha gracias a que por primera vez los políticos han dicho “lo suelto y no lo toco”. Es histórico que por primera vez no haya habido interferencias en la creación de un marco independiente para los jueces. Por eso, el comité toma todas sus decisiones al margen de la política y de influencias internas en la asociación”.

Bravo vuelve a ocupar todas las horas del día en atender y entrenar a sus caballos.

Rodeado de sus otros animales, en su casa de Burguillos del Cerro.

“No hay afición, hay una guerra de vanidades”

Hablamos del papel de los jueces en los concursos morfológicos, pero vamos a hablar también de los propios concursos. La morfología ya no es el único parámetro que se valora en ellos, pero son muchos los que cuestionan su razón de ser, el reiterado y sucesivo testaje morfológico de los mismos caballos en plazas diferentes. Ignacio Bravo siempre ha tenido y tiene muy claras las ideas al respecto, aunque responde con un “no sé por dónde empezar” cuando le planteamos el tema. 

I.B.- “Son dos cosas diferentes, por un lado el objetivo del concurso morfológico como tal y por otro, la estructura de la liga morfológica que no tiene ningún sentido. No tiene sentido que la morfología de un caballo sea constante y sucesivamente puntuada y premiada y tampoco que sea elaborada. Genéticamente no tiene ningún sentido que se esté distinguiendo a un caballo porque esté muy bien presentado. Un técnico debería saber cómo es el caballo antes, porque eso es lo que tiene que aportarle al ganadero. El mundo del morfológico ha evolucionado hacia una liga con unos comités organizadores y unos personajes que tienen vida propia. También unos presentadores que ya forman parte del sector del PRE, que quieras que no también son promotores y que también tienen vida propia y unos ganaderos que se dedican al mercado del morfológico que también influyen. Toda esta gente ha sido la protagonista de la guerra de poderes que hemos tenido, buscando que las cosas siguieran como antes en torno a los jueces en los concursos. Tienen sus intereses”.

R.E.- ¿Y para la raza, interesan los morfológicos? 

I.B.- “Para mí los concursos morfológicos nunca han tenido ninguna lógica. Tendría que haber una selección morfológica y una final en un Campeonato de España. La morfología sólo tiene una utilidad: intentar prever una calidad que en el trabajo tardarías años en demostrar. Es para lo que sirve como referente en todas las razas. Cada una tiene y necesita la constitución que requiere su finalidad como raza. Su patrón racial. En las razas de carne se valora la constitución que permite poner muchos kilos, en una raza rústica, la que contribuye a desarrollar un fuerte trabajo físico sin consumo, en el deporte, la que facilita la mecánica del salto, el mejor movimiento para la doma o ser el más rápido corriendo, etc. Nuestro tipo racial lo define como la raza de silla que siempre fue, más la fisonomía que le aporte la identidad racial aceptada. Simple pero amplio y no admite medias tintas. Sin embargo en el Caballo Español empleamos los concursos morfológicos para destacar las características raciales que cada cual tiene e intentar quedarse con el mercado, procurando arrimar todo el mundo la brasa a su sardina. En realidad no tiene lógica”.

R.E.- ¿Habría que reestructurarlos?

I.B.- “Yo siempre fui partidario de hacer algo nuevo, hace muchos años, cuando los líos de Ecumad, hablábamos de buscar un patrocinador y crear una estructura de competición nueva, diferente, pero todo se quedó en nada y el asunto viene torcido desde siempre. Y ahí están los morfológicos de toda la vida, que son una modalidad que existe y que se puede adaptar a las leyes de bienestar animal y a modalidad de competición e incluso hacer mercado, como las competiciones de perros. Hay mucha gente que le dedica todo su tiempo libre a un perro y van compitiendo con él de concurso en concurso. En realidad nuestros morfológicos están montados así, pero no con ese objetivo, aquí es más una competencia entre gente grande que entre gente pequeña. Más entre productores que entre consumidores, al contrario que el resto de modalidades ecuestres. A los morfológicos les faltan estudios, planes para desarrollarlos y le sobran muchos parches que se les han ido poniendo para que vayan tirando. Y hay que enmarcarlos en lo que son, porque estamos llegando a extremos absurdos. Hay quien por sacar un campeón de España a la mano, invierte más o se cree más importante en el sector ecuestre que un jinete o criador que ha disputado unos Juegos Olímpicos. Esto es patético, roza el ridículo, es de vergüenza ajena.

Además, el morfológico como estructura de mercado es muy malo, porque si solo es vendible el campeón, quita más que da. Pero los pocos caballos que se venden, que son los que ganan y aportan la vanidad suficiente, tienen un precio mucho más alto que cualquier otro y con menos elaboración. Eso hace que no desaparezcan los morfológicos, que no se transformen y que haya una pelea tan grande por ese mercado. Incluso mucha gente que ha empezado como clientes del morfológico, como compradores, ahora son competencia fuerte, venden ellos más y si han sufrido todo el desorden anterior, son especialistas dentro de ese desorden. El que lo piense detenidamente sabe que el orden termina beneficiando más al profesional cuando tiene un caballo bueno, pero a lo mejor al caballo del momento que ha ido ganando por marketing o por presión, esto del orden le perjudica”.   

R.E.- ¿Puede entenderse que los morfológicos perjudican a la mejora de la raza?

I.B.- “A la raza la benefician en unos campos y la perjudican en otros. La benefician mucho en promoción internacional, porque aportan mucho glamour en determinados ámbitos, sobre todo en las culturas latinas, que son competitivas sin hacer deporte con el caballo. Pero perjudica a los profesionales ganaderos, porque si seleccionas para el morfológico ya sabes que el excedente no tiene salida para ninguna otra modalidad. Si pones en una balanza calidad como especie o como caballo de deporte y en la otra identidad racial y está desequilibrada porque nunca puede bajar la nota de la identidad racial, al final sale perjudicada la calidad como especie. El caballo que no gana en morfológicos no se vende y como sus fallos están en la funcionalidad y en la aptitud, no tiene venta para ningún otro fin. De este modo, en lugar de crear mercado, los morfológicos lo están quitando. El mercado del morfológico sí se mantiene vivo porque el caballo que gana o el que despierta la vanidad suficiente, vale una fortuna. Pero la consecuencia es que como criterio de selección, el concurso morfológico no es el más idóneo”.

R.E.- Y fuente de muchos intereses…

I.B.- “Efectivamente. Durante muchos años, todos esos poderes han estado luchando por temas que poco tenían que ver con los intereses de los caballos y de la raza. Los participantes preocupados de que estuvieran determinados jueces, los organizadores lo mismo, porque con unos jueces los concursos se les llenaban y con otros se quedaban vacíos…. Preocupaciones realmente ilógicas y tantos poderes luchando por sus intereses alrededor del caballo han hecho que éste pierda importancia y que pase a segundo plano. Y sigue estando en segundo plano, porque en realidad no hay afición, hay una guerra de vanidades. Nunca nadie se preocupó de que el morfológico sea el escaparate ideal de la raza".

 

Rodeado de sus otros animales, en su casa de Burguillos del Cerro.

Ignacio Bravo se confiesa optimista y considera que en PRE se ha iniciado un buen camino, que hay que mantener.

“Me gusta hacer experimentos”

Ignacio Bravo desarrolla una intensa actividad ganadera, criando en dos direcciones que en ocasiones se solapan y que tienen un nexo en común: la funcionalidad. Por una parte, como ganadero de PRE y por otra, criando caballos con una sólida base de Pura Raza Española, que tiñe con sangre de líneas europeas de deporte. 

“Siempre me ha gustado hacer experimentos y con libros abiertos vas mucho más rápido, mientras que con el Caballo Español, la identidad racial no la puedes perder, porque para eso te sales del libro. Como aficionado al deporte ecuestre siempre me ha gustado criar también caballos de deporte”. 

No obstante, Ignacio Bravo recuerda la posibilidad de utilizar el Registro Auxiliar, que “está muerto de risa”, mientras que “se están regalando a otros libros buenos resultados, que en realidad son mérito del Caballo Español. Yo por ejemplo regalé a ANCADES todo el currículum de “Cristiano”, que no le interesaba para nada o el de los caballos que crié para saltos, que eran ideales para niños o los que estoy criando ahora con un poco de sangre europea. Si la mayoría de la sangre de estos caballos es PRE, pues tienen un 75% o un 80% de Español, sus resultados los estamos regalando a otros libros, cuando la base de su genética y sus líneas maternas son PRE. El Registro Auxiliar podrían utilizarlo en la identificación y reseña de estos cruces y luego los genetistas tendrían que hacer sus estudios y cuestionarse qué necesidades de mejora tiene la raza e introducirlas o no, a través de dicho registro. Lo que pasa es que pedir la apertura del Registro Auxiliar en este mundo tan poco profesional supondría suscitar recelos de gente que piensa que barres para casa y creo que no merece la pena”.

Bravo entiende que libros y asociaciones deberían jugar un papel mucho más burocrático y administrativo, “porque al final un caballo es bueno o malo si cumple con las expectativas y los objetivos que yo buscaba al fabricarlo: tipo, aptitud y carácter. Me da igual tenerlo registrado en un libro o en otro, lo que me interesa de verdad es el caballo”.

Fuente: Ecuestre

Fotos: L.Poncela

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