Tras una temporada 2018 desastrosa, ¿y ahora qué?

La modalidad de Saltos de la hípica española acaba de cerrar en Barcelona una temporada nefasta y no sólo por sus resultados, sino por la lánguida tendencia que viene mostrando. Una vez consumados los tremendos fracasos acumulados, cabe preguntarse, ¿y ahora qué?
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Tras una temporada 2018 desastrosa, ¿y ahora qué?
Tras una temporada 2018 desastrosa, ¿y ahora qué?

Se puede argumentar que la tendencia de la hípica internacional se orienta hacia nuevos derroteros en los que los jinetes “top” apuestan claramente por competiciones de élite, en detrimento de la competición FEI por equipos y en consecuencia, de los CSIOs. Se podrá aducir que hemos tenido bajas esenciales como la de Sergio Álvarez Moya y que eso ha deteriorado seriamente al equipo español. También podrán argumentar que el clima en Tryon no era bonancible o que en Barcelona llegamos a destiempo, aunque pasamos por un entrenamiento “ad hoc” en casa del entrenador nacional que pagamos todos. Argumenten lo que quieran y seguirán burlando la realidad y lo que es peor, engañándose a sí mismos. Miren, esto no se sostiene.

Gobernar un deporte con varios millones de euros de presupuesto, que mayoritariamente salen de los bolsillos de los federados para hacer lo que ha hecho la hípica española en 2018, no se sostiene. El presidente de la RFHE podrá seguir oculto, guarnecido tras sus bien pagados responsables de cada modalidad, pero en algún momento tendrá que recordar que es el presidente que administra el dinero de todos los federados con el objetivo, siempre resaltado desde la cúpula federativa, de tutelar e impulsar la alta competición.  

Olvidada la promoción por deseo expreso, que argumentan como estatutario, el objetivo de los resultados que la propia RFHE, sus responsables, se definen como exclusivo, marca su propia trayectoria. Y en función de sus propios parámetros y objetivos, el resultado es frustrante y lamentable.

Nosotros entendemos el deporte y la función federativa de otra manera. Creemos que su función debería ser promocional, aglutinadora e integradora. Creemos que deberían preocuparse del crecimiento de la base de la pirámide y al mismo tiempo, de saber armonizar los impulsos privados que hacen posible y dan alas a la alta competición, a la cúspide de dicha pirámide. Pero nos parece que ni una cosa, ni la otra. No sabemos si lo intentan, aunque desde luego, si lo hacen, no lo parece. Y lo que no cabe duda es que no lo consiguen.

Nunca nos han preocupado los resultados, porque siempre los hemos atribuido y lo seguiremos haciendo, a sus auténticos protagonistas, que unas veces aciertan y otras no: jinetes, caballos, propietarios y organizadores de competiciones. Ellos son los actores reales de este deporte, los que lo hacen posible. La hípica de competición tiene un componente mercantil y deportivo-profesional, que es lo que la sostiene. Pero tal y como está organizada, necesita un ingrediente que sirve para darle forma y sentido, que es el federativo. Y si ese hace aguas, todos los esfuerzos particulares se van al limbo. Y ahí está la hípica española, en el limbo creado por una federación tan alejada de la realidad, que ya sólo administra fracasos. Malos tiempos y necesidad de cambio.

L.P.

 

 

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