Cómo trabajar a la cuerda con cabezón

Con el cabezón se puede fomentar óptimamente el estiramiento y la incurvación longitudinal del caballo. Cualquiera puede aprovechar esta genial ayuda para el entrenamiento a la cuerda. Te mostramos cómo funciona.
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Cómo trabajar a la cuerda con cabezón
Cómo trabajar a la cuerda con cabezón

Tócale de vez en cuando las narices a tu caballo. Por supuesto, no para enojarlo, sino para entrenarlo con esmero y de forma adecuada a las características del animal. El trabajo con cabezón es un método estupendo para ayudar a tu compañero a encontrar el camino hacia el estiramiento y la incurvación correctos sin emplear riendas de atar u otras riendas auxiliares.

En el centro de la muserola hay una anilla que transmite impulsos muy precisos a la nariz y la nuca permitiéndole guiar al caballo de forma exacta a través de la conexión con la cuerda. “El cabezón revela enseguida el verdadero nivel de entrenamiento del animal, porque no se le obliga a adoptar una determinada posición que todavía pueda suponer una exigencia física excesiva”, explica la instructora de Doma Clásica, Nicole Künzel.

Nicole Künzel, nuestra experta, es autora de varios libros especializados en temas ecuestres y dirige el centro de formación Evipo cerca de Hannover. www.evipo.de

Nicole Künzel, nuestra experta, es autora de varios libros especializados en temas ecuestres y dirige el centro de formación Evipo cerca de Hannover. www.evipo.de

La experta recomienda un cabezón de material suave y liso como cuero o fibra artificial (por ejemplo, Biothane). El cabezón clásico tiene una muserola toda ella de cuero o con un aplique de metal inserto, integrado hasta por tres piezas o por una sola pieza arqueada. Existen otros tipos de cabezones, como por ejemplo, el caveçon o la serreta. El caveçon lleva cosida una cadena de moto o de bicicleta en la muserola; la serreta cuenta con una pieza de hierro que sólo se debe utilizar si está bien acolchada y se adapta exactamente a la nariz del caballo.

Da igual con qué tipo de cabezón trabaje, siempre debe manejarlo con cuidado. Precisamente al trabajar a la cuerda el cabezón enseguida actúa intensamente sobre la nuca y la columna cervical. Un empleo equivocado o demasiado enérgico desequilibra al caballo e incluso puede llegar a causarle dolor. Pero utilizado correctamente, el cabezón es una estupenda ayuda al entrenamiento de cualquier caballo.

A continuación, la redactora Judith Eckert y su yegua Paint Horse, “Sweety”, nos mostrarán, dirigidas por Nicole Künzel, cómo iniciarnos paso a paso en el trabajo a la cuerda con cabezón.

 

CÓMO COLOCAR CORRECTAMENTE EL CABEZÓN

Para que el cabezón actúe de forma óptima y señale al caballo el camino hacia el estiramiento y la flexión  tiene que estar colocado correctamente en la cabeza del animal. De lo contrario las señales dadas con la cuerda será vagas e imprecisas; además, un cabezón mal colocado puede causar dolor y lesiones.

La mayoría de los cabezones se componen de una muserola y un ahogadero, así como una testera y una quijera. Hay que tener en cuenta que todas las correas deben ser de largo regulable. Cierra primero el ahogadero y sólo después la muserola. Así impedirás que al apretar se ejerza demasiada fuerza sobre la nariz y la nuca.

Para que la muserola no presione vías nerviosas sensibles debe haber dos dedos de separación entre el pómulo y la correa. En cuanto al ahogadero, lo mejor es que visto desde el ojo del caballo, discurra en línea recta hacia abajo. Así queda aproximadamente en el centro de la quijada inferior, no puede resbalar y mantiene estable el cabezón. Por lo que respecta a la testera, al caballo le resulta agradable que esté adaptada de forma anatómica a las orejas.

Casi siempre hay que apretar firmemente la muserola para que no resbale. Al principio ajústala lenta y cuidadosamente para que tu caballo pueda acostumbrarse a la presión. Después comprueba que la correa está suficientemente fija tirando de ella hacia ambos lados. La anilla central tiene que quedar siempre sobre el lomo de la nariz. Si la muserola tiene un arco de metal debe estar adaptado a la nariz del caballo.

La quijera debe discurrir junto al pómulo.

Procura que la correa no se combe cuando hayas apretado la muserola y el ahogadero. Debe quedar plana a un lado del rostro del caballo.

 

FUNDAMENTOS & EJERCICIOS PREPARATORIOS

Antes de comenzar el entrenamiento con cabezón, tu caballo debe dominar con seguridad ejercicios básicos de suelo, como arranque, parada, cesión, paso atrás y transiciones paso-trote. Para ello, Nicole Künzel recomienda los tres ejercicios preparatorios que explicamos a continuación. Trabájalos con cabezada y cuerda y con una fusta de doma.

Mover el cuarto delantero.- Colócate en una posición ligeramente oblicua delante del caballo quieto. Aleja hacia un lado la mano con la cuerda guía.

A continuación haz una señal con la fusta a la altura de los hombros (por ejemplo, agítala levemente) hasta que el caballo ceda hacia un lado con el cuarto delantero; debe hacerlo cruzando las patas delanteras y sin avanzar demasiado hacia delante .

Control preciso de los hombros.- Guía a tu caballo en paralelo al borde del picadero con un margen de separación de 5-6 metros y luego haz que ceda hacia fuera avanzado hacia delante/de lado como en el ejercicio de ampliación del cuadrilongo. Coloca un cono como elemento de orientación hacia el que dirigirse.

Introduce el movimiento hacia delante-hacia un lado alejando lateralmente de ti la mano exterior y alzando la fusta en dirección a los hombros con la punta baja. Además, imagínate que formas un balón de energía y lo envías a tu caballo.

Cesión de la nuca al ejercer presión.- Colócate junto a la cabeza del caballo y tira hacia abajo de la cuerda de forma suave y constante.

Si tu caballo cede, afloja inmediatamente la cuerda y elógiale por haber reaccionado correctamente .

PRIMEROS PASOS A LA CUERDA

Tu caballo debe aprender ahora a ceder al impulso del cabezón, a flexionarse hacia dentro con la nuca floja y a estirar la línea superior.

Comienza describiendo círculos un poco más pequeños al paso y mantén una conexión constante entre la cuerda y el cabezón.

Al principio acompaña al caballo caminando a grandes pasos cerca de él y combina los círculos con líneas rectas, por ejemplo, a lo largo del borde del picadero.

Muestra a tu caballo el camino hacia el estiramiento llevando hacia fuera la mano que sostiene la cuerda aproximadamente a la altura de la cadera.Por el contrario, si llevas la mano hacia abajo harás que el caballo pierda fácilmente el equilibrio. Cuando tu caballo empiece a dar señales de reaccionar correctamente elógialo verbalmente enseguida y vuelva a colocar la mano en la posición inicial.

Si quieres impulsarlo apunta con la fusta hacia el cuarto trasero. De lo contrario la fusta debe estar en posición neutral, igual que más tarde el látigo largo (baja, aproximadamente a la altura del estómago del caballo).

 

 

ESTIRADO AL PASO Y AL TROTE

Cuando tu caballo haya aprendido a estirarse con el cabezón puede agrandar los círculos y cambiar la fusta por un látigo largo. Al principio camina acompañando al caballo para facilitarle la incurvación en el círculo. Más adelante debes permanecer en el centro del círculo y limitarte a acompañarlo girando.

Ahora consigue que los trancos del caballo sean cada vez más amplios al paso, sin perder el estiramiento. Cuando lo consigas con seguridad, haz que inicie el trote. Al principio debe trotar sólo en tandas breves, en cuanto tu caballo levante la cabeza o tense el dorso y la nuca, vuelve al paso. Trabaja de nuevo el estiramiento con tranquilidad y sólo entonces vuelve al trote.

Debes esperar a que tu caballo sea capaz de mantener el estiramiento con seguridad antes de impulsarlo más al trote. Sólo entonces podrá adentrarse más con las patas traseras bajo el centro de gravedad y seguir estirando la línea superior. Procura que la posición de la cabeza y del cuello no sea demasiado baja, un buen valor orientativo es que la nuca esté más o menos a la altura de la cruz. Poco a poco tu caballo irá adoptando una flexión y una incurvación longitudinal correctas.

Sólo debe pasar al galope cuando tu caballo describa círculos equilibradamente al paso y al trote con el cabezón y cuando mantenga limpiamente el estiramiento durante largos lapsos de tiempo y en las transiciones.

 

 

CAMBIO DE MANO SENCILLO Y FLUIDO

Con el cabezón tienes la posibilidad de pasar de una mano a otra con fluidez. Aunque eso requiere cierta capacidad de coordinación entre ser humano y caballo. Por eso Nicole Künzel aconseja trabajar el cambio de dirección poco a poco hasta que todos los movimientos se desarrollen como es debido, sobre todo por lo que respecta al ser humano. Por eso primero debes practicar la variante sencilla con parada intermedia.

Así se realiza el cambio sencillo: llama la atención del caballo, por ejemplo, dando una señal con la voz. A continuación invítale a volverse hacia dentro de la pista retrocediendo con el cuerpo en actitud relajada; la cuerda debe estar ligeramente tensa y no combada.

En cuanto el caballo haya llegado delante de tí describiendo una línea recta, deténlo, por ejemplo, con una señal verbal o extendiendo y elevando las manos ante tí con el látigo bajo. Ahora pasa el látigo por debajo de la cuerda y cógelo con la otra mano.

A continuación haz que el cuarto delantero ceda en la nueva dirección como ya ha practicado en la preparación y vuelve a llevar al caballo al círculo. Practica esta secuencia varias veces hacia ambos lados.

El cambio de mano fluidose prepara igual que el sencillo. Pero en lugar de detener al caballo en cuanto haya llegado ante tí siguiendo una línea recta, cambia la cuerda y el látigo mientras retrocede y haz que su caballo tome directamente la nueva dirección.

Es absolutamente imprescindible lograr que el caballo ceda con suficiente limpieza y amplitud con el cuarto delantero y que no se te eche encima con el hombro al tomar la nueva dirección. Si el ejercicio no funciona con fluidez, mejora de nuevo el control de los hombros por separado a partir de los ejercicios preparatorios.

 

Fuente: Ecuestre

Texto: Judith Eckert 

Fotos: Lisa Rädlein

Traducción: Elena Sánchez

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