Reclamación por accidentes durante un paseo con caballos alquilados

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Reclamación por accidentes durante un paseo con caballos alquilados
Reclamación por accidentes durante un paseo con caballos alquilados

Nombre: Jessica

El pasado sábado día 3 de marzo fuimos mi marido, dos amigos y yo a dar un paseo a caballo en Puigcerdà-La Cerdanya (Girona). Al llegar allí había un señor preparando a los caballos y nos preguntó que quien era el más atrevido. A uno de mis amigos le toco el caballo para el más atrevido y luego ya nos iba dando uno a cada uno. No nos pidió ningún tipo de identificación, ni pago, ni fianza, nada de nada.

Mi amigo le pidió al señor que le explicara cómo iba el tema de las riendas, porque nunca había montado y mi marido y yo estábamos escuchando, porque tampoco teníamos experiencia. Nuestra sorpresa fue cuando el señor nos dirigió (él a pie) hacia un camino y ¡¡nos dejó solos!!

Los primeros 10 minutos todo iba bien, los caballos muy tranquilos. El caballo que era más atrevido iba delante, el segundo caballo no obedecía ningún tipo de orden del jinete, solo obedecía al primer caballo, si él corría, el segundo también, si él frenaba, el segundo también (y mi amigo estaba muerto de miedo), ya que él quería frenar y su caballo no frenaba. Cuando llevábamos unos 30 minutos, de repente mi caballo empezó a correr muchísimo, inclinando el cuello y provocando mi caída. Volé un par de metros y mi cuerpo cayó de espalda contra el suelo, donde me quedé sin poder moverme, casi sin poder respirar y doliéndome mucho la espalda y la parte de la pierna y el coxis. En ese momento el caballo de mi marido empezó a ponerse nervioso y se cayó sobre una pequeña montaña, quedando la pierna de mi marido bajo el peso del caballo.

Uno de los amigos tuvo que volver a la hípica con los otros dos caballos siguiéndole para ir a buscar ayuda. Al llegar, el señor no estaba, tuvo que venir nuestro amigo en coche. Volvimos a la hípica a devolver los cascos e irnos al hospital. Mi sorpresa fue cuando el amigo le explicó la situación y el señor se empezó a reír. Yo tenía la espalda machacada del golpe, las costillas muy dañadas y la parte del coxis muy inflamada. Mi marido tenía el tendón inflamado y tiene como una pelota de tenis en la parte externa de la rodilla. No podemos ir a trabajar, ya que estamos muy doloridos y queremos saber si podemos hacer una denuncia y pedir daños y perjuicios.

RESPUESTA DEL EXPERTO:

Fernando Acedo – Abogado Hípico

 

Los accidentes en los negocios de alquiler de paseos a caballos son muy frecuentes, por lo que ya hemos tenido ocasión de analizar varios casos en este consultorio. Sin embargo, no existen dos siniestros iguales, por lo que resulta interesante analizar de manera individualizada los pormenores de cada caso para intentar llegar a una conclusión lógica sobre las posibilidades de éxito para reclamar al titular de la explotación hípica por las lesiones sufridas tras las caídas de dos de sus clientes.

En primer lugar, el hecho de que no le hayan tomado los datos ni entregado ninguna factura o ticket por la compra de la actividad, puede ser objeto de una grave irregularidad en materia de consumo, por lo que le recomendamos que denuncie este hecho ante la administración competente, para que abran al centro el correspondiente expediente sancionador y le obliguen a cumplir con la legislación vigente. No obstante, esta mala praxis del centro hípico no tendría ninguna incidencia respecto a la responsabilidad por el accidente.

En relación a los hechos, debemos tener presente la conocida teoría de la “asunción del riesgo”, que señala que las consecuencias de un accidente deportivo deben ser asumidas por el propio jinete o amazona, que conocían el riesgo potencial inherente a la práctica de la equitación.

No obstante, partiendo de esa realidad, lo cierto es que el titular del centro es responsable de informar a los clientes del riesgo o peligro potencial de la actividad, de ofrecer unos caballos con un nivel de adiestramiento acordes para la monta de jinetes inexpertos, de contar con medios para atender a los heridos en caso de accidentes, así como de anticiparse a situaciones de riesgo claramente previsibles y evitables.

En el presente caso, el propio cliente le había indicado al arrendador que no sabía cómo coger unas riendas y que nunca había montado un caballo, por lo que con esos datos ya tenía suficiente información sobre la ausencia absoluta de nivel de equitación en los clientes, resultando una grave temeridad que a sabiendas de esta circunstancia, les pregunte sobre quién es el jinete más atrevido y sin ningún guía o monitor a su cuidado, les permitiera realizar una paseo a caballo a campo abierto.

A mayor abundamiento, el titular del centro ni siquiera estaba en las instalaciones cuando acudieron a pedir ayuda, careciendo de cualquier medida para facilitar la evacuación y asistencia a los heridos.

Por todo ello, aun aplicando la teoría de la asunción del riesgo, en el presente supuesto queda claro que como mínimo existe una concurrencia de culpas entre el cliente y el arrendador de los caballos, por lo que entendemos que aun con su correspondiente proporción, estarían legitimados para exigir al titular del negocio hípico una indemnización por el daño sufrido, gastos médicos y de hospitalización, los días de impedimento que le produjo la caída y las secuelas que en su caso les hayan producido las lesiones, puesto que quien se lucra de una actividad que genera riesgos, y por tanto, susceptible de causar daños, debe responder de dichos daños, máxime cuando sus clientes son personas inexpertas como así se lo hicieron saber.

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