A caballo por el Parque Nacional de Ordesa

Periódicamente, Jaime Muñoz de las Casas nos acerca a un escenario de belleza singular descubierto a caballo. En esta ocasión, el veterano jinete nos descubre los paisajes del que quizá sea el Parque Nacional más espectacular de la geografía española: Ordesa y Monte Perdido.
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A caballo por el Parque Nacional de Ordesa
A caballo por el Parque Nacional de Ordesa

Las posibilidades que ofrecen los parques nacionales a los amantes de la naturaleza, son prácticamente ilimitadas, pero ver y vivir la naturaleza desde un caballo, en un Parque Nacional tan espectacular como es el de Ordesa y Monte Perdido, es algo tan particular y excepcional, que ningún aficionado al caballo debería dejar de vivirlo al menos una vez. Las rutas ecuestres y el turismo a caballo permiten vivir el caballo y la naturaleza con la máxima intensidad, pero hacerlo subiendo y bajando por los barrancos y cañones del denso e intenso Parque Nacional de Ordesa, es algo que marca.

El grupo en Torla, uno de los puntos de partida importantes para Ordesa.

El reducido grupo de amigos y aficionados al caballo que  desde hace ya algunos años montamos habitualmente en el madrileño Club de Campo, hace ya tiempo contactamos con Eric Bonnemazou. A partir de entonces, y siempre de su mano y con sus caballos estuvimos primero en los  Picos de Europa y en años sucesivos pasamos por El Alto Aragón, por los oscenses valles de los ríos Tena y Guara, recorrimos también el imponente el cauce del río Hecho, cruzando en esa misma ocasión los Pirineos de España a Francia por el puerto de El Palo y el año pasado accedimos a que nos llevase a las Bardenas de Reales.

El grupo en Torla, uno de los puntos de partida importantes para Ordesa.

Avanzando sobre el pedregoso lecho de un río, seco por los rigores estivales.

Aunque la idea de principio no nos seducía demasiado, por lo que imaginábamos del árido y seco desierto navarro, al final nos sorprendió y podemos decir que también acertó. Nos encantó y pasamos unos magníficos días. Total, que desde entonces nos hemos convertido en auténticos adictos a las rutas ecuestres organizadas.

En esta ocasión, nuestro anfitrión y guía ya no tenía nada fácil ilusionarnos, pues a la vista de su catálogo de rutas a caballo, ya  comenzábamos a tener dificultades para encontrar novedades que nos resultasen verdaderamente atractivas. Pero una vez más debemos reconocer, que Eric ha vuelto a acertar, pues ante nuestra reticencia a repetir anteriores rutas, se lanzó a intentar una nueva.

Avanzando sobre el pedregoso lecho de un río, seco por los rigores estivales.

La imagen habla por sí sola de la grandiosidad de Ordesa.

Él confiesa que había pensado muchas veces en Ordesa, pues le habían comentado que por su grandiosidad era el mejor sitio, pero inicialmente lo había rechazado, por considerar que era demasiado complicado e inaccesible. Concretamente le preocupaba saber, que a pié sí, pero que a caballo estaba prohibido entrar, en lo que es el núcleo central del Parque Nacional de Ordesa.

Aun así, otra vez estudió mapas y planos, calculó horarios, alojamientos y puntos para hacer las distintas paradas y los almuerzos en ruta y finalmente se decidió a probar. Conociéndonos de años anteriores, valoró sus fuerzas, las de sus caballos y las nuestras y tras pedir los permisos necesarios, se lanzó, o mejor dicho, nos lanzó a la aventura.

La imagen habla por sí sola de la grandiosidad de Ordesa.

El grupo en plena ruta, pasando junto a una gran cortada.

Esta vez fue con nosotros, con los que en vivo y en directo exploró los caminos y las posibilidades de incorporar nuevas rutas a su catálogo de marchas ecuestres. Y por lo que después de cada jornada expresaba el propio Bonnemazou, parecía haber encontrado en Ordesa, el ilimitado campo de acción del que tanto le habían hablado.

Tanto es así, que me da la impresión que al reducido grupo de amigos que ya casi tradicionalmente rematamos los veranos, haciendo con él una ruta ecuestre en agosto, nos queda Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido para rato. Ya que sin realmente entrar en el Parque y sólo moviéndonos por las cumbres que lo delimitan, pero sin duda sintiendo el Parque como si se estuviéramos andando por él, subiendo, bajando y recorriendo a caballo las muchas lomas, cañadas y barrancos que hay junto a él y en su entorno, Ordesa ofrece casi infinitas posibilidades para las excursiones a caballo.

El grupo en plena ruta, pasando junto a una gran cortada.

Jaime Muñoz, autor de este reportaje, en un momento de la marcha con su caballo “Lescún”.

Catorce jinetes

En esta ocasión Bonnemazou unió al grupo que formamos siempre, Fanny Polo, Javier Morán y yo, a sus dos hijas, Sara y Claire, a dos parejas de franceses, una adolescente bordelesa, a la que sus padres premiaban su buen curso escolar con esta ruta a caballo. También a una profesora de formación profesional que vive en Pau y con la que coincidimos en otra ruta hace un par de temporadas y sus habituales colaboradores en las rutas por el Pirineo Aragonés,  Eunate Aguirre y Oscar Maza.

En total fuimos esta vez 14 jinetes, que después de asignarnos los caballos, limpiarlos y equiparlos, iniciamos la ruta en Orós Bajo, a muy pocos kilómetros de la oscense Sabiñánigo y muy cerca de Ordesa.

Jaime Muñoz, autor de este reportaje, en un momento de la marcha con su caballo “Lescún”.

Ordesa al fondo, con un cartel indicando los límites del parque en primer término.

En nuestra primera jornada a caballo subimos a Barbenuta, pasando por Espierre, por las ruinas de la Ermita de Santa María y por el punto geodésico de Erat, para comer lo que nos habían preparado y llevábamos en las alforjas, en la loma que hay entre Erata y Pelopin, a más de 2000 metros de altura sobre el nivel del mar y viendo en lo hondo del valle los restos del abandonado pueblo de Otal.

Ordesa al fondo, con un cartel indicando los límites del parque en primer término.

Otra espectacular vista del Valle de Ordesa, por cuyo fondo discurre el río Arazas.

Durante nuestra comida y posterior siesta tirados en la hierba, los caballos los dejamos trabados y comiendo lo que pillaban en la verde y mullida loma, que separa Otal de Ordesa. Después de comer bajamos Cotefablo y por la antigua vía romana, pasamos por el barranco Toroisiata y llegamos a Linás de Broto. Pequeño y turístico pueblo de solo 40 habitantes, donde dormimos tras dejar los caballos a pocos metros del hotel donde nos alojamos, cercados por el pastor eléctrico habitual.

Otra espectacular vista del Valle de Ordesa, por cuyo fondo discurre el río Arazas.

Los caballos nos habían respondido perfectamente, en la fuerte subida que por la mañana habíamos hecho. Pero es al hablar de los caballos cuando no puedo por menos que comentar, la desgracia que había tenido Bonnemazou muy pocos días antes de nuestra ruta. Pues "Austral", el joven semental cuarto de milla con el que había cubierto sus yeguas los últimos años y que desde hace algún tiempo era uno de sus más eficaces caballos de ruta, cuando estaba en libertad por el campo, había tenido un accidente al despeñarse por unas rocas y había muerto.

Al margen del quebranto profesional que le suponía a Bonnemazou perder a "Austral", yo personalmente perdía la oportunidad de volver a montarlo, pues había sido el caballo que me había llevado en las rutas de los últimos cuatro años por el Pirineo. Así que en Ordesa no tuve más remedio, que estrenarme  con "Lescún", un hijo de "Austral" con 6 años de edad y aún con no demasiada experiencia, pero que apunta bastantes de las cualidades que llamaban la atención en su padre. No mucha alzada, pero con anchura, solidez, fuerza y seguridad para parar un tren.

Por cierto, 5 de los 13 caballos que formaban el grupo de Bonnemazou para esta ruta eran hijos del difunto "Austral". Con lo que entre las hijas de Bonnemazou y los hijos de "Austral", bien puede decirse que nuestra ruta era fundamentalmente familiar.

El guía de la marcha, Eric Bonnemazou con “Class”, marcando el paso a los ruteros.

Descanso en Broto

Al día siguiente y tras la casi ritual limpieza y equipado de los caballos de todas las mañanas, salimos de Linás de Broto y teniendo siempre enfrente las laderas de Viu, pasamos por Fragen, por la Ermita de San Miguel y por la pista del Cebollas, para luego bajar por la larga y tortuosa senda de vacas que nos llevó a Torla, donde comimos. Torla estaba materialmente llena de turistas y excursionistas a pie, pues es Torla uno de los puntos de partida importantes para Ordesa. A Torla había llegado unos minutos antes que nosotros Denise con el coche de apoyo y ya nos tenía preparadas la mesa, las sillas y la comida. A los caballos les quitamos las cabezadas y aflojamos las cinchas, dejándolos trabados muy cerca de nosotros.

El guía de la marcha, Eric Bonnemazou con “Class”, marcando el paso a los ruteros.

El grupo, por las calles de Linás de Broto.

Después de comer y dormir la siesta, empleamos la tarde en seguir el río Ara hasta Broto. En Broto a los caballos no les debimos dejar demasiado bien cercados por el pastor eléctrico, pues a los pocos minutos de llegar nosotros al hotel, avisaron a Eric que se habían escapado y andaban sueltos cerca de Camping de Oto. Eric y sus colaboradores salieron inmediatamente para allí, los encontraron, los controlaron y los dejaron toda la noche encerrados en una especie de almacén de chatarra y desperdicios de construcción. El lugar donde los caballos pasaron esa noche, indudablemente no estaban bien, pues poco tenía que ver el con el sitio entre arboles con hierba y con acceso directo al agua donde en principio los habíamos dejado. Pero bien puede decirse, que el cambio había sido por  decisión suya.

El grupo, por las calles de Linás de Broto.

El paisaje muestra un equilibrio entre las formas abruptas debidas a la acción glaciar y las aplanadas.

De toda la aventura de nocturna de los caballos, en Broto primero y sobre todo en Oto después, solo uno de ellos salió algo malparado, pues presentaba a la mañana siguiente algunos cortes y heridas más o menos superficiales. Pero como habitualmente, arropado por el grupo, llevábamos con nosotros haciendo la ruta un caballo de "repuesto". Es decir, otro caballo equipado que con el grupo hacía el camino sin jinete. Por tanto, la reposición del caballo herido fue inmediata.

Después de ser el centro de atención de todos los niños del camping, que se querían fotografiar junto a los caballos, iniciamos la jornada y el buen tiempo continuaba acompañándonos. Pasamos por Sanvisé e hicimos la áspera y larga subida al puerto de Buesa, llegando hasta la Punta de Las Acutas. Comimos el "pic-nic" que llevábamos en las alforjas en la Mallata Bacarizuala y después de comer, los que fueron capaces de dominar la excitación que en esos momentos producía el imponente entorno, durmieron minutos de siesta casi reglamentarios en todas las rutas a caballo.

Tras reajustar los equipos de los caballos, volvimos a ponernos en marcha, discurriendo toda la tarde con los carteles que delimitan el Parque Nacional siempre delante de nosotros y lo que es el precioso Ordesa en el fondo de impresionantes barrancos, cerrándose para nosotros la más intensa jornada a caballo de nuestra ruta con la bajada, o mejor dicho, con la búsqueda del mejor camino de bajada a Broto. Pues como para Bonnemazou era todo nuevo y trataba de encontrar la más asequible y cómoda vía, hubo más de una vuelta atrás. En Broto volvimos a cenar en el mismo restaurante y a dormir en el al mismo hotel de la noche anterior, siendo la única vez que en la ruta repetíamos.

El paisaje muestra un equilibrio entre las formas abruptas debidas a la acción glaciar y las aplanadas.

“Class”, el nuevo semental de Eric, durante uno de los picnics en plena ruta.

Bajada a Nerín

Al día siguiente continuamos disfrutando del impresionante entorno, transitando por el llamado Campo de Pascual en el Monte de Buesa y pasando por los miradores de Ordesa y Las Acutas a la vista de Nerín. Comimos en plena ruta, con el incomparable marco de La Mallata Bacarizuala a nuestro alrededor y después bajamos hacia Nerín por la Sierra de Buzo. Tuvimos suerte, pues a pesar de las negras previsiones meteorológicas que en la radio oíamos, durante toda la jornada nos acompañó un tiempo esplendido, con buena temperatura y buena luz para las fotos. Algo que, a la vista de lo verde que estaba todo, no debía ser demasiado frecuente en estos parajes del Pirineo Aragonés.

De nuevo volvíamos a tener suerte en nuestras rutas a caballo por el Pirineo, pues normalmente siempre nos hemos encontrado con días secos y soleados, lo cual no es poco cuando se trata de turismo ecuestre.

“Class”, el nuevo semental de Eric, durante uno de los picnics en plena ruta.

Un alto en el camino en Torla.

Después de comer hicimos la larga bajada hasta Nerín por la Sierra de Buzo. Fueron casi tres horas de paso, horas que a algunos pudieron hacerse demasiado largas y prescindibles, pues aunque el entorno era magnífico, tres horas a caballo no dejan de ser tres horas a caballo. En Nerín dormimos, dejando los caballos en un buen prado, lo cual siempre es una garantía, para que nosotros pasáramos también una buena noche.

Los tres amigos del Club de Campo decidimos en Nerín abreviar nuestra excursión ecuestre, haciendo el último día solo media jornada. Como ya volvíamos a estar claramente fuera del Parque y pensando en el viaje de vuelta en coche, que aún nos quedaba hasta Madrid, después de comer en Fanlo nos despedimos del grupo. Por tanto, después de dormir en Nerín, bajamos por la ruta Gr.XV de los mapas locales, que coincide en buena parte con la carretera de Nerín a Fanlo y después de pasar por Buisan, llegamos al pequeño grupo de casas a 1350 metros de altitud, que son Fanlo.

Comimos con el grupo y agradecidos y satisfechos por nuestras vacaciones a caballo, nos despedimos de todos, pero especialmente de Eric Bonnemazou, de Oscar Maza, Eunate Aguirre y de los caballos que tan buenos momentos nos habían hecho vivir por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

En nuestra despedida nos quedaba el consuelo de pensar, que si Dios quiere, repetiremos la experiencia de una magnífica marcha a caballo, descubriendo impresionantes paisajes de los que os dejamos una muestra en este reportaje. Hasta nuestra próxima ruta ecuestre.

 

Fuente: Ecuestre       

Texto y Fotos: Jaime Muñoz de las Casas

 

 

 

Un alto en el camino en Torla.

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