Enseñar a ramalear

Cuando tiramos hacia delante de la cara de un potro o un caballo que no sabe ramalear, instintivamente él tirará hacia atrás o, en el mejor de los casos, se plantará en el sitio sin moverse ni un centímetro. Vamos a ver cómo enseñarle, para que el potro obedezca sin forzarle a seguirnos. Muchos de los problemas que se plantean con los caballos, especialmente con los potros, surgen cuando les pedimos cosas que no "saben" o que no "pueden" hacer.
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Enseñar a ramalear
Enseñar a ramalear

Cuando tiramos hacia delante de la cara de un potro o un caballo que no sabe ramalear, instintivamente él tirará hacia atrás o, en el mejor de los casos, se plantará en el sitio sin moverse ni un centímetro. Vamos a ver cómo enseñarle, para que el potro obedezca sin forzarle a seguirnos.
Muchos de los problemas que se plantean con los caballos, especialmente con los potros, surgen cuando les pedimos cosas que no "saben" o que no "pueden" hacer.
Este es el caso de cuando se entra en la cuadra de un potro y, repitiendo el mismo ruido, chasquido o gesto que hacemos con todos los caballos "que ya saben", pretendemos que se cambien de lado, es decir que se vayan hacia el otro lado del box. Y lo que sucede es que no hace nada, pero no porque no quiera y esté empacado, sino simplemente porque no sabe, no entiende lo que le estamos pidiendo.

El hecho de tratar, en la mayoría de los casos, con caballos que ya saben hacer las cosas que les pedimos puede llevar a confusiones cuando se trabaja con potros, resultando verdaderamente impresionante lo rápido que aprenden todo, cuando respetamos sus tiempos y aplicamos la paciencia en lugar de la violencia, cuando intentamos entender lo que les pasa por su cabeza.

El método

En el caso que nos ocupa, de los potros o caballos que no saben ramalear, como les decía al principio, cuando comenzamos a tirar del ramal hacia delante no caminan, solo se plantan o van hacia atrás. En realidad, no saben lo que les estamos pidiendo. Muchas veces esto se resuelve con un ayudante, que lo va arreando de atrás. Entonces, el caballo está respondiendo a lo que hace el ayudante, no a nuestra orden.

Esto ha funcionado siempre y seguirá funcionando, pero prueben a hacerlo solos y verán lo fácil que resulta de este otro modo.

Para hacer este ejercicio será suficiente con una cabezada de cuadra que esté bien ajustada a la cabeza del caballo, y esto no quiere decir apretada, simplemente que tenga buena adherencia a la piel del caballo, sin que llegue a molestarle, y que cuando tiremos del ramal hacia los lados no se gire la cabezada de cuadra, quedando sobre los ojos.
El mejor sitio para ubicarse es al lado del caballo o potro, a la altura de la espalda, coincidiendo con las manos del caballo y alejados unos 40 ó 50 centímetros.
Desde este sitio nos será muy fácil flexionarle el cuello hacia nuestro lado, intentando hacer un círculo lo más pequeño posible.
En lugar de tirar hacia delante, lo estaremos haciendo hacia uno de los lados y hacia atrás. De este modo desequilibramos al animal y, en algún momento, comenzará a moverse hacia donde estamos tirando.

Lo que es de suma importancia es ceder inmediatamente cuando inicie el movimiento, pues debemos tener en cuenta que, cuando desequilibramos al caballo, le estamos tirando de la cara, en el punto "secreto" al que hacía referencia en el artículo de la serreta. Esto le provocará una molestia al potro, que justamente cede en el mismo momento en que comienza a moverse. Es como que tiene un motivo para obedecer, es un "premio" que está recibiendo y, en definitiva, le resultará mucho más agradable tener un motivo placentero que hacerlo por miedo a quien esté detrás dando voces y levantando los brazos, o por delante a los tirones y enfadado porque no hace caso.

Este es un principio que debemos tener muy en cuenta a la hora de la enseñanza: responden y obedecen mucho mejor, y se crea un reflejo condicionado más efectivo, si el caballo asocia la orden cuando cedemos a la presión, que cuando le causamos la molestia permanentemente con esa misma presión.
Entonces, decíamos que al primer movimiento cedemos la fuerza y reforzamos ese "alivio-premio" con una palmada de agradecimiento en la tabla del cuello.

Pasamos hacia el otro lado y repetimos exactamente el mismo método, cediendo inmediatamente al primer movimiento del caballo. Volviendo nuevamente al lado por donde habíamos comenzado, repetiremos esta operación las veces que sea necesario.
Tener en cuenta que no debemos empecinarnos en ninguno de los lados, que si no nos sale "no pasa nada", y que todo resultará mucho mejor si los tiempos son cortos.

Respuesta inmediata

Podremos comprobar cómo rápidamente el caballo nos comenzará a obedecer casi sin tirar del ramal. Cada vez que nos cambiemos de lado caminará más tiempo y mayor distancia, pudiendo hacer el círculo completo hacia ambos lados.

A continuación, cada vez que cambiemos de lado haremos el círculo más grande, entonces la flexión del cuello y la incurvación del cuerpo (si lo hace) serán cada vez menores, con lo cual nos estaremos acercando a la línea recta. De este modo, terminará nuestro caballo andando a nuestro lado cada vez que se lo pidamos.

Puede darse el caso, en muchas oportunidades, que una vez que el caballo comienza a obedecernos y a caminar en línea recta a nuestro lado, lo haga con entusiasmo y nos quiera adelantar en todo momento, lo cual deberemos evitar. Para poder lograrlo, utilizaremos una u otra técnica, dependiendo de la fuerza del impulso y de la insistencia de cada caballo. Hay que recordar la gran utilidad que nos brindan los ejercicios en círculos que, para este caso, igualmente nos servirá para tranquilizar al animal sin dejar que se concentre en una actitud no deseada y, poco a poco, llevarlo al lugar que nos hemos propuesto, sin forzar una situación.

En otros casos, cuando el tirón del caballo no sea tan fuerte, lo podremos corregir con una simple parada desde el ramal, haciéndole entender que no está bien lo que hace y, en muchos casos en que insisten en ir por delante de nosotros, utilizaremos una barrera sobre su cara. Con la ayuda de una tralla, una ramita o un palo, que llevaremos perpendicular al suelo, a la altura de la frente, con el único propósito de que haga tope cada vez que llegue hasta esa "barrera", le pondremos el límite. Que quede bien claro que solamente debe sentirse incómodo cuando intente sobrepasar esa línea y que en ningún momento se les debe ocurrir pegarle con lo que llevemos en la mano.

Poco a poco necesitaremos menos de esa barrera y, finalmente, el caballo aprenderá a mantener esa distancia.

Otros casos

Es también de importancia que acostumbremos al caballo a ser llevado de ambos lados, para que acepte con normalidad todas las situaciones que se le pueden presentar en el trato diario.

Puede ocurrir, en el caso de animales poco tocados o muy nerviosos, asustadizos, etcétera, que suceda justamente lo contrario, es decir, que en lugar de quedarse quietos, nos lleven flameando como si fuésemos una bandera. En estos casos, también nos será mucho más fácil llegar a dominar esta situación desde el costado del caballo, en el mismo sitio que nos pusimos para enseñarle a ramalear.

Desde este punto, aprovechando el impulso del caballo en el momento justo, también podremos flexionarle el cuello, haciéndolo girar en pequeños círculos.

Si por el contrario nos encontráramos delante o detrás del caballo en el momento en que pega un arreón, no tendremos ninguna posibilidad de dominarlo y nos llevará a la rastra a nosotros y a los que estemos tirando del ramal.
En este caso, también dependerá mucho lo largo que llevemos el ramal, siendo lo más conveniente llevarlo bastante corto, para que nos permita apoyar nuestro brazo en la tabla del cuello, quedando nuestro codo sobre la espalda del caballo y, en caso de ser necesario, apoyaremos nuestra espalda sobre las costillas para hacer círculos y, de este modo, podremos llevar al caballo hasta donde queramos.

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