Cómo distribuir la comida para el caballo estabulado

Además de saciar a los caballos, el hecho de comer también les mantiene ocupados la cabeza, el estómago y el intestino. ¿Pero cuál es el mejor momento para las comidas diarias?
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Cómo distribuir la comida para el caballo estabulado
ALIMENTACIÓN

El mejor comienzo del día para una persona es un desayuno equilibrado. Para los caballos todas las comidas son importantes. En libertad se pasan un 60% de su tiempo comiendo. Son casi comedores permanentes. Después de comer dormitan de dos a tres horas y a continuación vuelven a pacer.

Cuando dejamos a los caballos todo el día en el pasto, tardan poco tiempo en volver a su necesidad natural de comer de continuo. Así pastan entre doce y catorce horas diarias. En cambio, estando estabulados, utilizan entre dos y cuatro horas para comerse su heno y su pienso. Esto supone más riesgo de lo que piensan algunos propietarios de caballos.

Desde el punto de vista anatómico, los caballos no están hechos para comerse grandes cantidades en poco tiempo. Su estómago es bastante pequeño, solo le caben aproximadamente de 5 a15 litros. Produce ácidos gástricos casi sin interrupción. El tiempo que tarda la comida del estómago al intestino depende de su volumen. Las cantidades grandes pasan rápidamente al intestino, mientras que las cantidades pequeñas duran más en el estómago. Lo más provechoso es que el caballo mastique muy bien su comida, la ensalive intensivamente y llene el estómago sin parar (pero poco a poco).

 
 

 

La avena debe llegar al estómago en pequeñas raciones.

Que tenga heno a todas horas

El heno es el principal ingrediente en la comida de un caballo (de cuadra). Un buen heno tiene entre 25 y 30 por ciento de fibra bruta y los caballos tardan en comérselo. Al heno sin picar lo mastican más y no lo pueden engullir con tanta facilidad. Un caballo tarda unos 40 minutos en comerse un kilo de heno largo. De acuerdo con los últimos estudios, los especialistas en nutrición animal recomiendan para los caballos un mínimo de 1,5 kilos de heno por cada 100 kilos de peso corporal, cada día. Para un caballo de unos 600 kilos, esto representa unos diez kilos de heno, para lo que necesitará unas siete horas.

En la mayoría de las cuadras el heno se raciona porque se sigue la creencia de que el heno convierte a los caballos en tripudos y fofos. Pero los hechos demuestran que un buen heno es el mejor combustible y que mantiene activo al intestino. La estabilidad y la calidad de la flora intestinal dependen de la fibra bruta. En la digestión se producen ácidos grasos que ponen energía a disposición del caballo durante horas. Por eso el heno no debería de racionarse, sino que habría que darle al caballo la posibilidad de comer siempre que quiera. Quien pretende ahorrar en forraje, o limitar su consumo a dos raciones diarias, se arriesga a tener úlceras o cólicos en su cuadra.

El comer no es solamente una necesidad fisiológica del caballo. Cuando los caballos no están comiendo, pueden desarrollar comportamientos anormales. Como por ejemplo tragar aire, o balancearse continuamente a la espera de su ración de pienso compuesto (conocido como “tic del oso”). Es un movimiento rítmico con la cabeza que perjudica los anteriores.

Para evitar estos comportamientos, la alimentación debería estar lo más adaptada posible a las necesidades naturales del caballo. Las redes de heno son una gran ayuda para esto, ya que los caballos comen más lentamente de las redes (ver artículo publicado en Nº347 de Ecuestre, páginas 96 a 99). Las últimas investigaciones en manejo y alimentación de caballos sugieren que los espacios entre las comidas no deberían ser nunca de más de cuatro horas.

La avena debe llegar al estómago en pequeñas raciones.

Los caballos se acostumbran rápidamente a horarios de comida regulados. Se debe evitar el estrés en las comidas.

 

Pienso y avena en raciones

A más rendimiento, más necesidad de energía. Los caballos de deporte, los de montura y las yeguas con potros, consiguen esa energía de la avena o del pienso compuesto. Pero esto, al contrario del heno, lo comen muy rápidamente. Un caballo puede zamparse un kilo de avena en diez minutos y si es avena triturada, más rápido todavía. Demasiado pienso de una vez puede provocar problemas de gases en los intestinos e incluso cólicos.

Es mejor repartir el pienso en por lo menos dos raciones diarias. La cantidad de pienso no debería sobrepasar nunca el 0,5 por ciento del peso del caballo por comida. Eso con un caballo de 500 kilogramos de peso corporal, serían 2,5 kilos de avena por comida. Todo lo que sobrepase el uno por ciento por peso corporal en pienso debe ser repartido en tres raciones diarias.

Normalmente, la mayor parte de la comida llega el intestino grueso unas doce horas después de su ingestión. Si el caballo ingiere porciones demasiado grandes, entonces éstas llegan con demasiada rapidez a los intestinos (insuficientemente digeridos) y pueden producir desequilibrios a los microorganismos intestinales. Eso pasa sobre todo con la comida muy concentrada (de alto contenido proteico) para caballos de deporte.

Los caballos se acostumbran rápidamente a horarios de comida regulados. Se debe evitar el estrés en las comidas.

 

Un buen heno es el mejor combustible y mantiene activo al intestino. La estabilidad y la calidad de la flora intestinal dependen de la fibra bruta.
 

 

Piénselo bien antes de decidir utilizar estos piensos y reparta bien las raciones. Después, antes de montarlo, déjele a su caballo un descanso de por lo menos una hora para empezar la digestión.

Lo mejor para el caballo es una alimentación con un dosificador automático de pienso. Le proporciona pequeñas cantidades de pienso, avena y suplementos, bien repartidas a lo largo del día. Eso protege al estómago sensible del caballo. Pero éstos aparatos son todavía bastante caros, unos 10.000 euros para dar servicio a ocho ó nueve boxes. Su ventaja es que se pueden programar de forma personalizada para cada caballo y que pueden guardar todos los detalles en su memoria electrónica. Así cada caballo consigue exactamente lo que necesita y en el momento que lo necesita.

En el caso de que no se disponga de un dosificador, el responsable tendrá que alimentar a los caballos repartiendo las raciones adecuadas en unos horarios determinados. No importa si se da el pienso a las 6 y a las 18 horas, o 2 horas más tarde, eso no importa. Lo importante es que sea siempre a las mismas horas, porque los caballos se acostumbran rápidamente a esa rutina. Hay caballos que al no respetar sus horarios, se estresan tanto que acaban con trastornos digestivos.

Para preparar el estómago al pienso, es conveniente darles heno a los caballos unos 10 a 15 minutos antes. Esto es bueno para provocar la producción de saliva y para la estratificación de la comida en el estómago. Así se evita que el pienso engullido con prisa pase directamente del estómago al intestino delgado sin procesar. También obliga a los caballos a comer su pienso más lentamente. Lo ideal, entre dos comidas de pienso, sería dejar pasar de seis a ocho horas. Según las investigaciones, si un caballo no come durante seis horas, aumenta su probabilidad de padecer una úlcera de estómago.

Un buen heno es el mejor combustible y mantiene activo al intestino. La estabilidad y la calidad de la flora intestinal dependen de la fibra bruta.
 

 

Es mejor repartir el pienso en por lo menos dos raciones diarias y su cantidad no debe sobrepasar el 0,5 por ciento del peso del caballo por comida.
 
 

Uso de paja picada

La consistencia de la comida influye mucho en el tiempo que el caballo utilizará para comer. Los granulados se dejan comer mucho más rápidos que las mezclas de granos y heno. Los granulados duros tardan un poco más que los blandos. Cuanto más fibra bruta tenga la ración, más tiempo masticará el caballo. El tiempo de comida se puede alargar mezclando paja picada con el pienso. Pero tengan cuidado al mezclar alfalfa picada con cebada, ya que los estudios dicen que los caballos pueden engullir 100 gramos de esa mezcla por minuto.

 

Investigación

El heno es la mejor medicina natural para úlceras del estómago, que son frecuentes entre los caballos. El hecho no es que el heno sea capaz de amortiguar la acidez del pH del estómago. Un estudio de la Universidad de Leipzig ha descubierto algo más importante y es que después de la ingesta de heno, el pH del estómago se encuentra entre 2 y 3, lo que es óptimo para una digestión sana. Un pH así favorece la producción de la hormona Gastrina, que a su vez beneficia la acción de los ácidos gástricos.

 

Referencia histórica

En el manual de cuidados de los caballos de la ciudad de París, para los caballos que tiraban de los primeros tranvías, la norma era darles de comer 8 veces al día (pero cada 3 horas). Lo hacían por turnos para que unos comiesen y otros trabajasen durante este tiempo. Lo hacían tanto para aprovechar al máximo la comida como para evitar cólicos.

 

 

 

Fuente: Ecuestre

Texto: Kristina Glaser

Traducción: Kristian Fenaux

 

 

 

Es mejor repartir el pienso en por lo menos dos raciones diarias y su cantidad no debe sobrepasar el 0,5 por ciento del peso del caballo por comida.
 
 

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