Ecuestre
Número 416
Octubre 2017
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Mi caballo y yo

Danco, gracias por haberme elegido

¡Bienvenidos! En el post de hoy,os traigo la preciosa historia que Sara ha querido compartir con Elles à Cheval y todos los lectores.
Danco, gracias por haberme elegido

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¡Bienvenidos! En el post de hoy,os traigo la preciosa historia que Sara ha querido compartir con Elles à Cheval y todos los lectores. Muchas gracias por presentarnos a Danco y hacer este pequeño homenaje a tus caballos y a las personas que te han ayudado en el camino.

"Desde que era pequeña mi sueño siempre fue tener un caballo negro en el que ir galopando a pelo por el campo. Me pasaba las tardes enteras viendo películas de caballos.

Empecé a montar en una protectora de caballos REYCA. Al ser una protectora crecí con una sensibilidad especial hacia estos animales por todo lo que mis ojos veían en aquel lugar. Allí te enseñan unos valores muy distintos a los que te enseñan en una hípica normal. La mayoría de caballos no eran como los caballos de las películas no les brillaba el pelo… no. Eran caballos con la mirada perdida, tristes, agotados, su alma estaba rota, se la habían roto, ya fuese explotándolos, maltratándolos o abusando de ellos de cualquier manera. Había, y aún hay, caballos que han sufrido mucho, caballos sin ojos, cojitos, sin orejas, caballos en los huesos llenos de llagas, caballos que odian la presencia del ser humano, caballos aterrorizados, ensillados. También ex yeguas de cría, caballos de salto, de polo os aseguro que lo peor que os podáis imaginar allí alguna vez lo ha habido. Caballos como Paloma, Flecky, Cariñoso, Duque y sobre todo Isabela me enseñaron muchísimo. Debo mucho a REYCA, tanto a la protectora en sí como a Ana, Antonio y Aida. Gracias en parte a ellos soy lo que soy ahora y tengo lo que tengo.

Después de estar allí un tiempo me sentí preparada y decidí tener mi propio caballo y ahí llegó Danquito.

El día que conocí a Danco surgió algo mágico. Normalmente tú vas viendo caballos y eliges a uno, pero en este caso no fue así, él me eligió a mí y ahí comenzó nuestra vida juntos.

Sara y Danco.

Yo definiría a Danco como cabezón, rebelde, bruto y caprichoso, pero es un caballo que tiene el corazón puro. Le gusta brincar bufar, jugar contigo. Cuando Danco está en libertad ves que es un caballo libre, que se expresa, curiosea, exterioriza lo que le gusta y lo que no porque nadie le impide tener su propio carácter. Al principio he de reconocer que le tenía algo de respeto porque era un potro grande y negro y yo era novata en tener caballos, pero poco a poco fuimos confiando el uno en el otro.

Siempre supe que cuando tuviese a mi propio compañero no sería como el resto de la gente, no lo tendría para que me pasease por el pueblo he ir chuleando, yo quería un amigo. Dejaría que creciese como caballo al 100%, nunca cortaría su aprendizaje y le dejaría explorar y desarrollar su inteligencia.

Empezamos a pasar días y días juntos, me tiraba los días enteros sentada en la cuadra con él. Todas las mañanas iba a darle de desayunar por las tardes de comer y por las noches de cenar. Le cogía manzanas de los árboles y hierba del campo nos íbamos de paseo al rio, ambos andando y de vez en cuando lo montaba. He de decir que no me gustan nada los bocados las espuelas las serretas y demás aparatos de tortura equina así que yo monto sin bocado y sin herraduras. Intento que ya que cuando lo monto él me hace el favor de llevarme encima que menos que hacérselo pasar lo más ameno posible.

Danco y yo crecimos juntos evolucionamos y aprendimos a la vez también fracasamos, pero siempre apoyándonos el uno en el otro hemos tirado para delante.

Danco no deja montar a nadie que no sea yo porque él lo decide así y yo me siento orgullosa y afortunada de ello. La gente dice que es un caballo sin domar y puede que así sea ya que la doma es enseñar a un caballo a obedecer órdenes del ser humano y él no lo hace, él me considera una más de su manada. Se podría decir que colaboramos juntos e incluso me atrevería a decir que me considera su líder y como líder confía en mí ciegamente. Si le rasco, me rasca. Si corro, corre conmigo. Si yo paso por una lona, él no duda en pasar conmigo, jugamos al pilla pilla, al escondite, no todo es montar con un caballo. Se pueden hacer mil cosas. Sólo hay que querer hacerlas.

Con Danco me han pasado algunas cosas extrañas que no sabría cómo describir.

Una noche mientras dormía empecé a tener calor en sueños como si estuviese en un horno y me levanté empapada. Algo dentro de mí me decía que algo no iba bien. Así que a las 3 de la mañana cogí mi linterna y me fui a ver a Danco. Lo encontré tumbado en el suelo empapado de sudor, le estaba dando un cólico. Con mucho esfuerzo logré que se levantase y me lo llevé a andar. Nos tiramos así hasta que Danco por fin empezó a recuperarse, a estercolar y a volver a ser él. No sabría explicaros que paó ese día, pero creo que algo nos conecta y él me mandó algún tipo de ¨señal¨. La gente pensará que son imaginaciones... que eso no puede ser, pero si os pasara os daríais cuenta. Creedme, os aseguro que fue así y os aseguro que yo cuando todo pasó, también aluciné y me di cuenta de que estábamos conectados mágicamente.

Danco no tolera que yo monte otros caballos. Se pone celoso y empieza a seguirme y empujarme. Él acapara toda mi atención. Si no, se enfada.

Tampoco tolera que me vaya de vacaciones o este varios días sin ir a verlo porque deja de comer y eso que es muy muy tragón, pero no come. Se tumba y se hace el enfermo entonces es cuando yo vuelvo a casa y Danco empieza a volver a ser Danco. Creo que tenemos cierta dependencia el uno del otro.

No imagináis lo increíble que es que un caballo haga todo eso porque siente algo por ti no sé si es querer o que es, pero sé que Danco me necesita tanto como yo le necesito a él. Sé que me conoce y cuando me ve relincha sé que sabe cuál es mi coche y cuando lo ve por el camino relincha también sé que sabe cuándo necesito que me eche el aire en la cara cuando estoy mal.

Ahora tengo 4 preciosos caballos adoptados cada uno con sus problemas, pero los quiero a todos con locura. Caramelo, el grandullón más noble que os podéis imaginar, Sombra la yegua que me ha enseñado a tener la mayor paciencia del mundo ya que ha pasado por 8 dueños y la han tratado muy mal, sus problemas psicológicos son graves y poco a poco va confiando en mí. ¡Y Duna la pequeña loca que a más de una le dará un quebradero de cabeza! Pero que es puro amor. Esta es mi pequeña familia equina. Me gusta ayudar a caballos que lo necesitan, ayudarles a que vuelvan a ser caballos.

Llevo a Danco grabado en el corazón a fuego y en la piel como un tatuaje porque gracias a él, mi vida ha cambiado. Me encantaría que la gente fuese capaz de dejar que su caballo le enseñase a tener una relación así porque es mágica y te hace ser mejor.

Gracias Danco por dar un vuelco a mi vida, a mi forma de ser, de pensar, por aprender a ver a los animales como iguales a entablar relaciones basadas en una filosofía de vida que se sustenta en los pilares del respeto, la confianza, la igualad y la libertad. Os invito a todos a probar dejarse guiar por un caballo.

Gracias Danco por ser tan Danco y dejarme andar a tu lado siempre a tu lado para poder caminar juntos.

Y gracias mil gracias por haberme elegido.

Mi pequeño Danco, mi pequeño caballo de la luna.

Sara"

El precioso Danco.

El precioso Danco.

¿Te ha gustado? Contacta conmigo mandándome tu historia y fotos con tu compañero de vida a ellesachevalblog@gmail.com y podrás compartir con todos tu pequeño homenaje que encontrarás en la sección de Elles à Cheval - Mi caballo y yo.

¡Un abrazo y muchas gracias Sara! Te deseo lo mejor con Danco y todos los caballos rescatados a los que les has dado una nueva vida y una nueva oportunidad para recuperar su identidad.

Queridos lectores, espero que os haya gustado. Animaros a participar.

Nos leemos en el próximo post, un abrazo.

Noelia Biondo

 

 

 

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