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Número 419
Enero 2018
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EQUIPACIÓN

¿Colocas bien la montura?

Los problemas de dorso en el caballo de deporte constituyen una de las principales patologías locomotoras. La evaluación de las monturas es parte importante del diagnóstico de estas lesiones que frecuentemente se manifiestan como mal comportamiento o disminución del rendimiento deportivo.
¿Colocas bien la montura?
28 diciembre 2017 |

El incorrecto ajuste de la montura al dorso es uno de los principales factores a considerar cuando existen indicios de dolor en la región torácico-lumbar. La adecuada adaptación de la silla de montar al dorso resulta tan importante para el caballo como para el atleta que sus zapatillas le queden cómodas: si son pequeñas, le producirán roces o le crearán presión en algún punto y no podrá correr bien. Lo mismo ocurre con el caballo: una montura mal ajustada puede ser causa de bajo rendimiento deportivo y signos de mal comportamiento asociados a dolor de dorso.

Los faldones, rodilleras, costuras y latiguillos deben presentar la misma forma y localización a ambos lados, para evitar desequilibrios al jinete y lesiones al caballo.

Así mismo, la mala adaptación de la silla contribuye a la aparición de posturas compensatorias antiálgicas, que en muchos casos se manifiestan con cojeras, mientras que una montura adecuada y bien ajustada permite aprovechar todo el potencial del binomio caballo-jinete, mejorando su rendimiento deportivo. Por suerte, cada vez se presta más atención a esta parte del equipo, eliminando el tópico de que todas las monturas se acoplan a todos los caballos.

La anchura del canal determina cuánto espacio tiene el caballo para mover su columna, siendo lo ideal un espacio uniforme de entre 6 cm. y 9 cm.

Ajuste correcto

Existen una serie de características que orientan al propietario para saber si su montura, independientemente de la disciplina que practique, es la adecuada para su caballo. El hecho de tener una para varios caballos es arriesgado, ya que a no ser que tengan una morfología similar, es improbable que se ajuste correctamente a todos ellos.

-          Evaluación estructural de la montura

Antes de colocarla, conviene realizar un examen íntegro de la misma valorando el estado de su estructura (fuste), su simetría, la amplitud de su puente y su canal, y las posibles zonas de presión. Un fuste en buen estado se flexionará ligeramente al presionar la zona del asiento, una flexión exagerada o asimétrica indica daños en el fuste.

Se puede realizar manualmente una evaluación del fuste: si está en buen estado, se flexionará ligeramente al presionar la zona del asiento; una flexión exagerada o asimétrica indica daños en el mismo.

El baste es la parte de la montura que contacta directamente con el caballo, y del tamaño de su superficie depende el reparto del peso del jinete a lo largo de la región paravertebral del caballo: de ahí la importancia de un adecuado almohadillado. Un baste necesita ser reacolchado cuando es posible agarrar un trozo de cuero entre los dedos al pellizcarlo (prueba del pellizco); por el contrario, si está excesivamente almohadillado, el baste será estrecho y duro, se acoplará escasa e irregularmente al dorso del caballo, y esta falta de contacto uniforme dará lugar a innecesarios puntos de presión.

Lo ideal es que ni la cruz ni ninguna zona de proyección de la columna vertebral contacte con la montura, pudiéndose deslizar la mano bajo el puente a ambos lados sin percibir presión.

La montura ideal debe ser totalmente simétrica y no sólo en cuanto a su estructura. Los faldones, rodilleras, costuras y latiguillos deben presentar la misma forma y localización a ambos lados, para evitar desequilibrios al jinete y lesiones al caballo.

La anchura del canal determina cuánto espacio tiene el caballo para mover su columna. Un espacio uniforme entre 6 cm. y 9 cm. –unos tres o cuatro dedos- es lo ideal. Si el canal es demasiado estrecho, restringirá el movimiento de la columna y creará puntos de gran presión y dolor, y si es muy ancho puede permitir que la montura toque la columna y se apoye sobre ella, especialmente en caballos poco musculados. Un canal que no es uniforme provocará que la montura se ladee, dando lugar al desequilibrio del jinete.

-          Evaluación de la silla sobre el caballo

Para evaluar la silla, en primer lugar se prestará atención a la posición en que el jinete coloca la montura sobre el dorso. La posición ideal es aquella en la que el movimiento del tren delantero no se vea limitado, por lo que se recomienda que no caiga directamente sobre la escápula, sino unos centímetros por detrás de ésta.

Si se coloca demasiado adelantada, la silla limitará el movimiento de las espaldas y, debido a la cruz, elevará la zona del borrén delantero respecto del trasero, retrasando el punto de declive del asiento y desplazando el peso del jinete hacia atrás. Esto provoca una presión innecesaria en la cruz y un bloqueo en el movimiento de las espaldas. Es común entonces la aparición de atrofias en los músculos trapecios, provocados por la presión de la montura en su parte delantera, todo lo cual suele agravarse por el uso de pechos petrales que la mantienen en esta posición incorrecta.

En la situación contraria, la de una montura muy retrasada respecto de su posición correcta, el centro de gravedad de la misma se verá desplazado hacia delante.

El baste se debe acomodar suavemente sobre el dorso, sin huecos, visible y palpablemente bajo la silla; de no ser así se producirá un mal reparto del peso, concentrándose en cuatro puntos excéntricos en lugar de en el centro del asiento.

Para determinar el punto que debe alcanzar la parte posterior de la montura, basta con trazar una línea siguiendo el contorno de la última costilla hasta su unión con la columna vertebral, punto que no debe rebasar la silla.

En el caso ideal, la montura será lo suficientemente larga para cubrir los músculos del dorso desde unos centímetros por detrás de la escápula hasta la zona lumbar, sin llegar a ella. Los músculos lumbares son delicados y no están preparados para llevar el peso de jinete, sino que funcionan como transmisores del movimiento creado por el impulso de la grupa.

Una montura demasiado corta supone un mal reparto del peso, que se verá concentrado en un área pequeña del dorso en lugar de distribuirse apropiadamente por toda la musculatura torácica. De esta forma, cuanto más largo sea el fuste, menor fuerza por unidad de superficie se ejercerá y existirá menor probabilidad de concentrar la presión en un área localizada.

La cruz resulta muy sensible a las lesiones por un inadecuado ajuste de la montura. Una silla con el puente estrecho creará tensión a ambos lados de la cruz, limitando el uso del músculo trapecio, mientras que si es muy ancho se asentará sobre ella. Lo ideal es que ni la cruz ni ningún área de proyección de la columna vertebral contacte con la montura, pudiéndose deslizar la mano bajo el puente a ambos lados sin percibir presión.

Una evaluación estática del dorso con inspección o una palpación son protocolos de diagnóstico de patologías que pueden estar causadas por la montura. 

La columna vertebral no está diseñada para soportar peso directamente sobre ella. La montura debe apoyarse sobre los músculos paravertebrales, que pueden absorber y repartir la presión dejando espacio libre a la columna para que pueda moverse con libertad. De esta manera, el canal debe ser lo suficientemente ancho para permitir el movimiento vertical y lateral de la columna.

Los paneles del baste contactan con el dorso del caballo, de ahí la importancia de un correcto ajuste. No deben existir espacios entre ellos, sino un contacto estrecho.

En una vista lateral, el baste se debe acomodar suavemente sobre el dorso, sin huecos, visible y palpablemente bajo la silla. De no ser así se producirá un mal reparto del peso, concentrándose en cuatro puntos excéntricos en lugar de en el centro del asiento. Es importante prestar especial interés a la zona caudal de la montura y determinar si muestra buen contacto con la musculatura.

En una vista caudal, un baste adecuado contacta de igual manera por ambos lados sin crear puntos de presión. En cambio, existen bastes muy estrechos o picudos -con poco acolchamiento o acolchamiento excesivo-, que producen un inadecuado contacto de la transmisión del movimiento y limitan el uso de esa zona posterior.

Al ajustar la cincha hay que comprobar si la posición de la montura ha variado. En algunos casos, puede ocurrir que se incline hacia el borrén trasero o delantero. Es una prueba más de que el fuste no ajusta bien. Un fuste ancho inclinará la montura hacia delante al apretar la cincha, mientras que uno estrecho hará lo contrario, imprimiendo mayor presión al baste.

Tener una montura para varios caballos es arriesgado, ya que a no ser que tengan una morfología similar, es improbable que se ajuste correctamente a todos ellos. Lo mismo ocurre con las destinadas a disciplinas concretas.

 

En este punto se recomienda reevaluar al caballo en movimiento a la cuerda -al paso, trote y galope- con la montura y protectores ajustados, para detectar si existen diferencias de movilidad o actitud respecto del examen previo sin el equipo. Asimismo, es necesaria la observación del caballo montado por su jinete habitual, para analizar si su peso, o el tipo de trabajo que lleva a cabo, influyen en la adaptación de la montura y en la locomoción del animal.

 

Patologías de dorso

Diagnóstico

Como hemos dicho, una montura mal ajustada puede ser causa de bajo rendimiento deportivo y signos de mal comportamiento asociados a dolor de dorso.

Ante un problema de dorso, el establecimiento de un diagnóstico preciso resulta difícil al tratarse de un área tan amplia y compleja, cubierta por músculos de considerable grosor. Los métodos convencionales de diagnóstico por imagen presentan algunas limitaciones. Ciertas lesiones óseas pueden diagnosticarse por radiografía, ecografía o gammagrafía, pero si se sospecha de un problema muscular la exploración manual y exhaustiva del dorso será concluyente.

El protocolo de diagnóstico de patologías del dorso incluye una exhaustiva anamnesis (mal comportamiento al ensillar, pérdida de rendimiento, resistencia a realizar determinados ejercicios...), evaluación estática del dorso con inspección (aplomos, conformación del dorso, atrofias musculares, cicatrices...), palpación (contracturas, regiones de hipersensibilidad..), movilización pasiva y estiramientos, así como el análisis dinámico con y sin jinete y un examen completo de la montura.

Síntomas asociados

Ciertos signos clínicos nos alertan de un proceso doloroso en el dorso del caballo pero lamentablemente a menudo se asocian a un mal comportamiento del animal y no se pone remedio a tiempo. Un caballo con dolor en el dorso puede mostrar mala actitud en el box con hipersensibilidad al cepillado, respuestas negativas cuando se le coloca una manta, así como moverse, morder, mover la cola o dar patadas cuando se le ensilla. Igualmente mostrará su descontento al ser cinchado y cuando el jinete se suba.

Estos caballos, por lo general, muestran signos de dolor durante el trabajo y es habitual que comiencen algo rígidos (dorso "frío"), poco elásticos, con frecuentes botes, violentos movimientos de la cola e incluso que se nieguen a avanzar. Les cuesta incurvarse y estirar el cuello hacia abajo, trabajan muy tensos con la cabeza alta y falta de impulsión de los posteriores y sus transiciones entre aires no son fluidas.

En casos más severos un mal ajuste de la montura tiene como resultado un problema de bajo rendimiento deportivo. Un caballo que le cuesta reunirse o rehúsa los saltos, puede estar sufriendo daño en el dorso por una montura inadecuada. Estos signos son a menudo malinterpretados y asimilados como un comportamiento  normal para un caballo con resabios. El jinete no es consciente de que se esta produciendo daño hasta que no afecta notablemente a su rendimiento deportivo, momento en el que la lesión está probablemente ya bastante avanzada.

Clínicamente, un incorrecto ajuste de la montura puede producir heridas por roce y aumento de presión sobre determinados puntos, generalmente la cruz como porción más prominente del dorso. Las desmopatías del ligamento supraespinoso, las lesiones de los procesos espinosos o la bursitis supraespinosa (cruz fistulosa) son patologías frecuentemente asociadas a un deficiente ajuste de la montura.

Un baste necesita ser reacolchado cuando es posible agarrar un trozo de cuero entre los dedos al pellizcarlo (prueba del pellizco).

Ajuste de la montura/Bien (características)

-Fuste en buenas condiciones

-Posición de la silla respetando el movimiento de las escápulas y evitando tocar la zona lumbar

-Amplitud entre la cruz y el puente

-Escasa presión sobre los músculos trapecios

-Amplitud en el recorrido del canal

-Punto declive centrado

-Correcto apoyo de los bastes en vista caudal sobre el dorso del caballo (¡evitar bastes picudos!)

-Restos de sudor y pelos de la mantilla simétricos, sin que existan zonas más marcadas

Ajuste de la montura/Mal (evidencias físicas)

-Rozaduras sobre la cruz (pelos blancos, heridas)

-Áreas edematosas o con efusión bajo la montura

-Marcas de fricción en el pelo

-Cicatrices y regiones de piel engrosada

-Sensibilidad al tacto en la zona de la cincha

-Atrofia muscular en trapecios y musculatura paravertebral

-Asimetrías musculares

-Cojeras, de extremidades anteriores y posteriores

 

Signos asociados a dolor de dorso

Durante el manejo: mala actitud en el box, guiño de orejas, intentos de morder, sacudida de cabeza y cola, hipersensibilidad al cepillado, reacciones violentas al ser ensillado (patadas, mordiscos), resistencia a ser cinchado.

Durante el trabajo: rigidez y acortamiento del tranco en los primeros minutos, dorso "frío", posición alta de la cabeza, resistencia a avanzar y a las ayudas de jinete, botes y patadas (frecuentemente en parado, sin deseo de avanzar), dificultad o resistencia en el trabajo en círculos cerrados, trabajo lateral, paso atrás o en cuestas, rehúse de obstáculos o ataque excesivo, falta de impulsión, dificultad para disociar los tiempos de apoyo de los pies al galope.

Un incorrecto ajuste de la montura puede producir heridas por roce y aumento de presión sobre determinados puntos, generalmente la cruz como porción más prominente del dorso.

Conclusión

En definitiva, cuando sospechemos que el caballo está sufriendo molestias en su dorso debemos preguntarnos si la montura podría ser una de las causas. En casos leves, bastará con el cambio o reajuste de la montura pero si persiste el dolor, debe consultarse con el veterinario que junto con el fisioterapeuta prescribirán un tratamiento orientado a eliminar el dolor y establecerán un plan de entrenamiento terapéutico para recuperar las partes afectadas.

 

Fuente: Ecuestre

Textos: Mar de Echevarría Ruiz-Oriol (fisioterapeuta) y Marta García Piqueres (veterinaria).

(fisioterapiaequina@yahoo.es)

Fotos: Ángel Yuste

 

 

 

 

 

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