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Número 415
Septiembre 2017
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Salud

Patas del caballo hinchadas, una señal de aviso

Las patas hinchadas son una señal de aviso: el flujo linfático está bloqueado. ¿Qué es lo que provoca este atasco en la vía linfática y qué hacer para remitir la hinchazón?
13 noviembre 2015 | Cathrin Flößer/Fotos: Lisa Rädlein

En los caballos, unas patas hinchadas son un problema importante, con el que nos podemos encontrar sobre todo en invierno, porque se quedan mucho más parados y salen menos a pastar. Pero existen medidas eficaces para mantener unas patas deshinchadas, por ejemplo, comer mucho heno.

El catedrático Dirk Berens von Rautenfeld, linfólogo en la Escuela Médica Superior de Hannover, nos explica qué relación tienen las patas deshinchadas con la digestión y cómo un galope tranquilo vuelve a afinar las patas de los caballos. La linfa es un líquido transparente o lechoso, que pasa por el cuerpo. Es como una especie de agua de infiltración de la sangre. En los capilares arteriales, es decir en los vasos sanguíneos más pequeños, la tensión arterial es tan alta y la pared vascular es tan fina que este líquido aguado y las proteínas de las venas rezuman a los espacios intercelulares.

Aproximadamente un 90% de este líquido filtrado se absorbe otra vez por los capilares venosos, mientras que el resto se va al sistema linfático. Como las paredes de los vasos linfáticos presentan poca masa muscular, los canales transportan a la linfa más bien a paso de tortuga y así el atasco está asegurado. Además, los canales se obstruyen fácilmente cuando los vasos linfáticos se estropean, como por ejemplo, en una lesión con inflamación o debido a una operación.

Un galope tranquilo no sólo activa la circulación sanguínea, sino también el flujo del líquido linfático.

La inactividad provoca hinchazón

Incluso a los caballos aparentemente sanos, se les hinchan las patas. El motivo es que se quedan demasiado tiempo parados en sus boxes. Entonces la linfa no es bombeada hacia arriba lo suficientemente rápido por parte de los vasos linfáticos de acción lenta, sino que por la fuerza de la gravedad se acumula en las patas. En la mayoría de las ocasiones, las patas traseras son las más afectadas, porque se encuentran más lejos del corazón.

Aquí el flujo sanguíneo corre especialmente lento. De esta manera, el líquido linfático se pierde fácilmente y al final se atasca en las extremidades traseras, entre el corvejón y el espolón.

Hay estudios  que demuestran que los caballos a pupilaje en boxes no andan más de 5 kilómetros al día, siempre y cuando se les monte, mientras que los caballos de escuela (estabulados) llegan a unos 10 kilómetros al día. La conclusión es sorprendente: incluso los caballos que viven en cuadras individuales abiertas y con acceso a un pequeño paddock no se mueven lo suficiente como para estimular el flujo de la linfa. Andan entre 3 y 5 kilómetros al día, a no ser que se les monte. Respecto de aquellos que pasan la mayor parte del día en el pasto, los científicos calcularon que recorren unos 5 kilómetros. Nada comparable con los caballos salvajes, que según la oferta de alimentos pueden llegar a caminar unos 20 kilómetros diarios, manteniendo así sus patas totalmente deshinchadas.

¿Pero por qué la falta de movimiento afecta tanto y precisamente a los caballos? En comparación a los humanos el sistema linfático equino es débil. El catedrático Dirk Berens von Rautenfeld tiene una explicación: “Los vasos linfáticos de los humanos han sufrido una evolución, han tenido un tiempo de seis millones de años para adaptarse”. Los caballos tuvieron que darse más prisa: su tamaño corporal se desarrolló rápido, y no lleva más de 5.000 años domesticado. Su sistema linfático no pudo con estos cambios tremendos y drásticos y por lo tanto, rinde menos.

Las consecuencias son graves. Las patas hinchadas son el primer síntoma de un edema linfático; un impacto es el estado agudo, mientras que la denominada “pata de elefante” es finalmente el estado crónico. El impacto también se llama flemón agudo (inflamación llana del tejido conjuntivo y de los vasos linfáticos) y en la mayoría de las ocasiones surge de unas heridas menores, que ni siquiera son visibles.

Las bacterias se filtran, el tejido conjuntivo subcutáneo se inflama, los vasos linfáticos se llenan. La pata se hincha y se calienta, el caballo reacciona de manera sensible a la presión, parece débil y a veces tiene fiebre. Si un impacto se queda sin tratar, la pata puede quedarse hinchada para siempre. Los veterinarios entonces hablan de un flemón crónico (pata de elefante).

Cuanto más se espera con un tratamiento, más proteína se sedimenta y se transforma en tejido conjuntivo rígido. Lo peligroso es que el estadio crónico del edema linfático no siempre se manifiesta con una pata de elefante gorda y fácilmente visible; también las patas menos hinchadas pueden resultar enfermas crónicas. Como es muy difícil de diagnosticar, incluso los veterinarios muy experimentados tienen dificultades con esto.

Para sacar algo en claro de este asunto el equipo del catedrático Dirk Berens von Rautenfeld recopila datos de caballos con las patas hinchadas. Hasta ahora les han llegado 250 cuestionarios rellenados, que forman parte de una tesis doctoral.

Para detectar las patas hinchadas en un estado temprano se recomienda tocar y controlar regularmente. Mide el perímetro de la caña encima del menudillo con una cinta métrica tanto antes como después del entrenamiento. Estos valores te darán una pista de cuánto se hinchan las patas durante el tiempo que está parado.

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