Ecuestre
Número 419
Enero 2018
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Mundo Ecuestre

Les Gardians, centauros de La Camarga

Los que amamos a los caballos soñamos con recorrer el mundo... o parte de él, para encontrar ese caballo especial y a veces intentamos hacer realidad el sueño. Quizás en el fondo unimos el placer de viajar al de conocernos a nosotros mismos a través de los caballos.
Les Gardians, centauros de La Camarga
28 diciembre 2017 |

Influye mucho en el destino elegido la aventura, esa aventura que está dentro de nuestras cabezas cabalgando de nuevo.

Le Camargue tienen una energía única, telúrica, fuerte y natural, con paisajes desolados y pantanosos, sencilla y auténtica, sin pretensiones, con tradiciones, culturas y gentes amables.

 

 

De corta estatura, el caballo de La Camarga es fuerte e inteligente, con una habilidad característica para girar sobre sí mismo con gran rapidez. 

Situada entre el delta del Ródano y el mar Mediterráneo, en la antigua lengua Oc, “Cap marca”  significa “La que no tiene límite”.

Los colores verdes de la Camargue producen un estado de ensoñación muy especial… Pero también encontraremos otros colores: los blancos caballos, los toros negros y los flamencos rosas. El tiempo parece suspendido en estas inmensas llanuras húmedas de una belleza extraordinaria, miles de hectáreas de marismas, dunas, pastos y salinas que se mantienen en contra de todo y donde el tiempo queda suspendido.

 

Nacen con pelaje negro o marrón oscuro, que se convierte en un “blanco” radiante al hacerse adultos.

 

Les Saintes Marie de la Mer

Esta población supo conservar su alma, a espaldas de las embestidas del viento mistral. Pasear por sus callejuelas adoquinadas, disfrutar del mar, participar en los espectáculos taurinos, en los que no se da muerte al animal y vivir su gran afición, que son los caballos. Aquí se celebra todos los años el 14 de julio, durante cinco días, la feria ecuestre más importante de Francia.

El abrivado (encierro) es una antiquísima tradición que se ha convertido hoy en un espectáculo.

 

Es todo un espectáculo en esta ciudad el peregrinaje de los gitanos, que desde el siglo XII se reúnen aquí cada año los 24 y 25 de mayo para visitar  a su santa patrona, Sara La Negra. Llegan desde todos los lugares del mundo en sus caravanas y carretas y durante esos días las calles y plazas de Saintes Marie se llenan de música, bailes y ropas multicolores. Muchos de ellos han abandonado su vida nómada para asentarse en estas tierras pantanosas.

Los sombreros de ala ancha y las coloridas camisas forman parte del clásico look de los gardians.

En el siglo IX y ante la amenaza de los sarracenos, se construyó su iglesia fortificada con un adarve que rodea todo el edificio y que podemos recorrer viendo desde las alturas unas vistas maravillosas. Alberga los relicarios de las tres Marías que se encuentran en una cripta construida en el coro. De ahí viene el nombre del sitio…

Detalle del “trident”, pica de tres puntas con la que dirigen al ganado.

Aigues Mortes

Llegamos a Aigues Mortes por una carretera local muy tranquila que nos permite disfrutar del paisaje e ir haciendo paradas para acercarnos a las manadas de caballos.

El cuidado y manejo de las “manades” de toros bravos es una función realizada con singular maestría por los gardians durante siglos.

Esta ciudad medieval es capital de la Petite Camargue, fue portuaria en su origen, pero actualmente se encuentra ubicada tierra adentro, a ocho kilómetros de la costa. El pueblo se fundó en 1241 y se construyó en zona de marismas, salinas y lagunas, por eso su nombre “Aguas Muertas”. La ciudad se fortificó en 1272 y deambular por sus pequeñas y retorcidas calles supone descubrir el alma de la Camargue.

La raza equina camarguesa vive semisalvaje en las ciénagas desde hace siglos.

Aquí en las marismas, toros y caballos viven en semilibertad, en manadas, que sus cuidadores los gardians, vigilan. El término gardians viene de la expresión occitana “gardo-besti”, que significa guardián de las bestias, nombre muy adecuado para estos excelentes jinetes que cuidan las “manades” de toros bravos a lomos de sus blancos caballos, ataviados con sombreros negros de ala ancha y  coloridas camisas.

Detalle del estribo que emplean los gardians.

La Camarga es propiedad de los gardians con una condición: que ellos se encarguen de que no se cometa ningún tipo de alteración  medioambiental y mantengan las tradiciones. Si no lo hicieran así, el gobierno de la Camarga pasaría a manos del gobierno francés, pues esta zona es una "república independiente" dentro de Francia, con sus normas, sus leyes y su estilo de vida.  

En la Camarga podemos ver un espectáculo parecido a los encierros españoles, donde los toros negros de grandes y afilados cuernos entran corriendo en un recinto especialmente cerrado con talanqueras, mientras los intrépidos gardians, montados en sus caballos camargueses, dirigen a gran velocidad a la manada con una pica de tres puntas llamada trident. Detrás de las barreras, instaladas a lo largo del recorrido, los espectadores aplauden esta suelta del toro: el abrivado (encierro) es una antiquísima tradición que se ha convertido hoy en un espectáculo en el que los caballistas hacen alarde de sus habilidades.

Los gardians han sabido guardar los secretos de estas tierras y quizá es su caballo el secreto mejor guardado.

Ellos han sabido guardar los secretos de estas tierras, quizás es su caballo el secreto mejor guardado… La raza equina camarguesa vive semisalvaje en las ciénagas desde hace siglos, sobreviviendo en condiciones casi extremas a base de duro pasto y agua salada, lo que les hace resistentes y fuertes.

Aunque su capa parece blanca, realmente son de color "gris". Al nacer poseen pelaje negro o marrón oscuro, que cuando se hacen adultos se transforma en un “blanco” muy especial y radiante.

De corta estatura, son fuertes e inteligentes y poseen de forma natural una habilidad muy característica, que es dar giros en redondo sobre sí mismos con gran rapidez.

Al mirarlos solo una palabra llena la boca: libertad. Libertad cuando vemos a las  yeguas y sus potros siguiendo al semental de la manada a través de la marisma, en un espectáculo único. Y poder recorrer este paisaje a lomos de un blanco caballo camargués, es una experiencia que todos los que amamos a estos mágicos animales debemos vivir alguna vez...

 

Fuente: Ecuestre

Textos: Marián Gómez Zamanillo

Fotos: Anel Fernández

 

 

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