Ecuestre
Número 415
Septiembre 2017
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Mundo Ecuestre

Fusión del caballo con la magia del violín de Paco Montalvo

Ocurrió en la plaza de toros de Azuaga y los protagonistas fueron el violinista Paco Montalvo y los jinetes Gabriel Jurado, José Alejandro Alcaide Roda, Juan Pablo Alcaide Gil y Ángel Peralta Astolfi. Música de cuerda y caballos se fusionaron en un gran espectáculo en el marco del concierto “Alma del Violín Flamenco”.
Fusión del caballo con la magia del violín de Paco Montalvo
14 julio 2017 |

La plaza de toros del municipio pacense de Azuaga colgó el cartel de “no hay billetes” para asistir al concierto del máximo representante a nivel mundial del violín flamenco, Paco Montalvo. Pero la expectación habitual que siempre despierta la actuación del joven músico cordobés se engrosaba en esta ocasión con el anuncio de la participación del caballo como complemento coreográfico del espectáculo. En las semanas previas, mientras se realizaban los ensayos en la Hacienda de la Albaida, en Córdoba, se fue calentando el ambiente, hasta culminar con el lleno total.

Pleno de público en una noche de luna llena, para un espectáculo de sentimiento y magia en un ruedo con solera, en el que reinaba un escenario de grandes dimensiones. Desde el principio, todos los asistentes se volcaron con un espectáculo inédito, mientras en el suelo de la plaza se escuchaban los cascos de caballos andaluces que se movían al ritmo de la música del maestro. Sonaba “Granada” para un paso de cuatro caballos tordos que formaban figuras y se coordinaban trabajando en ejercicios de doma clásica y alta escuela, creando un semblante de admiración entre el gran público asistente.

A la espera de un mano a mano entre el violín de Montalvo y el caballo de Peralta, el músico andaluz continuaba con su concierto. La bailaora cordobesa Marta Guillén, con sus castañuelas, vaticinaba uno de los momentos mágicos de la velada, sonaba el “Vito Cordobés”. Era un duelo de titanes entre un violín emblemático y un caballo que se mostraba artista, moviéndose al compás de una canción popular de su tierra. En equitación torera marcando los cambios de ritmo y rematando con una levada se entusiasmó a un graderío entregado en todo momento.

Prometía Peralta que el último número sería de puerta grande o de enfermería y Montalvo le dio permiso para que así fuera a través de “La Malagueña”. Nadie se esperaba que “Sadam”, una jaca vaquera del hierro de Centeno fuese a formar tal alboroto que terminó levantando al respetable de sus asientos como colofón a un sueño que ambos artistas tenían en su pensamiento. Un sueño hecho realidad, el de la fusión de caballo y violín, hecho realidad bajo la luna llena de Azuaga.

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