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Siete zonas placenteras para acariciar a tu caballo

¿Quieres mimar a tu caballo, conocer sus puntos sensibles, donde más le gusta que le acaricies? Te explicamos cómo hacerlo en siete partes de su cuerpo.
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Siete zonas placenteras para acariciar a tu caballo
MANEJO

1. CUELLO

¿Qué pasa cuando dos caballos amigos se restriegan toscamente el pelaje con intención de darse gusto? Ponen cara de placer, aguzan el labio superior y retuercen el cuello en éxtasis. Las caricias sociales de los cuadrúpedos implican el mordisqueo mutuo del pelaje, sobre todo en aquellas zonas del cuerpo que el propio animal apenas puede alcanzar por sí mismo, por ejemplo, en las crines. Este ritual de caricias no sólo sirve para el cuidado corporal, sino que también refuerza los vínculos sociales.

Puedes imitar esta técnica metiendo los dedos arqueados por un lado de la crin y recorriendo la línea superior del cuello con movimientos vigorosos, masajeando y rascando. Lo mejor es empezar en el centro del cuello y continuar hacia las orejas o hacia la cruz. La cara de placer de tu caballo lo dice claramente: “Sí, justo ahí......”

2. CABEZA

En esta zona son especialmente bien recibidos los movimientos suaves y el masaje con los dedos, como por ejemplo, los TTouches de Linda Tellington-Jones. Para ello desliza las puntas de los dedos describiendo un círculo y cuarto sobre la frente, la nariz y los carrillos de tu caballo. Este masaje relaja y por eso es de gran ayuda para caballos nerviosos o estresados. En ese caso hay que realizar los movimientos circulares más lentamente: puedes emplear aproximadamente tres segundos por cada círculo y cuarto.

Alrededor de las orejas del caballo hay fabulosas zonas placenteras, por ejemplo, en el nacimiento de las crines. Algunos caballos necesitan que primero se les acostumbre a las caricias en las orejas mediante movimientos cuidadosos, mientras que otros incluso se dejan rascar de buena gana el interior del pabellón auditivo. Aplanar las orejas es un fantástico ejercicio de relajación: para ello agarra la oreja, sin hacer mucha presión y aplánala hacia la punta.

3. PECHO

El caballo no suele demandar caricias suaves en esta zona placentera. Para embelesarlo actuando sobre esta parte de su anatomía debes frotar el pelaje a fondo con los dedos o incluso con las uñas. A diestro y siniestro, desde la base del cuello hacia abajo en dirección a las patas delanteras o directamente por la línea central del pecho, está permitido todo lo que agrade al animal. Porque el pecho también es un punto de difícil acceso para el propio caballo. Y es un lugar en el que suele sentir picores con mucha frecuencia, ya que los caballos sudan enseguida en esa zona y el pelaje se apelmaza.

4. NALGAS

A los caballos les encanta restregar el trasero contra los árboles o las paredes de los boxes. Y el ser humano también es un rascador estupendo: rascar y acariciar la grupa, los muslos y encima, debajo y alrededor del maslo de la cola son detalles muy bien recibidos. Si se trata de caballos ajenos o asustadizos no hay que colocarse detrás de ellos. Para ayudar a relajarse a los caballos puedes alisar con la mano mechones de pelo de la cola, uno tras otro. ¡Efecto adormecedor garantizado!

 

5. DORSO

¿Quieres extasiar a tu caballo y proporcionarle un agradable relax? En la zona placentera del dorso encontrarás muchos puntos adecuados para conseguirlo. Por ejemplo, le puedes dar una gran alegría trabajando vigorosamente con los dedos toda la zona donde se coloca la silla después haberlo montado y aseado.

Para relajarlo puedes pasar suavemente la palma de la mano sobre la musculatura del dorso en la dirección del pelo. Acariciar intensamente la cruz es tan agradable como efectivo para tranquilizar a los caballos nerviosos (también se puede hacer desde la silla). Es algo enteramente natural: los caballos se suelen mordisquear mutuamente en la zona de tránsito entre el cuello y el lomo; al hacerlo disminuye automáticamente la frecuencia cardiaca.

 

6. VIENTRE

Suaves caricias en la zona de la cincha antes de ajustarla pueden hacer más dulce el ensillado al caballo, pero también es un ejercicio de relajación estupendo para practicar de cuando en cuando. Zona placentera predilecta en el vientre: entre las patas delanteras, y justo detrás de ellas. Además, muchos caballos disfrutan cuando los frotan vigorosamente con la palma de la mano el pelaje que está bajo el estómago, siempre que no tengan cosquillas. Sobre todo les proporciona un gran placer que les froten a lo largo de la línea central del estómago. A muchos caballos les gusta que les acaricien con las puntas de los dedos algo más atrás, delante de las ubres o del pene. En la región alrededor del ombligo casi siempre crece menos pelo y los mosquitos se aprovechan sin piedad para picar a gusto. Así que es realmente genial que te froten allí donde pica.

 

7. PATAS

¿A que nunca te habrías imaginado que las patas de los caballos también son estupendas zonas placenteras donde acariciar? Empieza, por ejemplo, por las manos. Puedes dar especial placer a tu caballo en los codos, sólo tienes que acariciar con las puntas de los dedos los pliegues de la piel de esa zona que tienen poco pelo o frotar el pelaje.

A muchos caballos les encanta que les acaricien la cara interna de las patas traseras. Dependiendo de sus preferencias puedes rascar con los dedos sobre el pelaje de esa zona o sólo frotar muy suavemente. Y para una ración extra de relajación, por ejemplo, tras una tanda de caricias: pasar varias veces la palma de la mano por la pata, desde la articulación del carpo o el corvejón hasta los cascos, y mejor si lo haces alternando ambas manos.

Ahora bien, si has estado acariciando a fondo a tu caballo pero éste no ha movido ni un milímetro el labio superior en clara expresión placentera, eso no significa necesariamente que no lo hayas hecho bien. Simplemente, algunos caballos demuestran que están a gusto con menos claridad que otros y prefieren disfrutar del programa wellness para sus adentros: parpadeos, movimientos de masticación o una ligera inclinación de cabeza, ya lo dicen todo.

 

 

Fuente: Ecuestre

Texto: Judith Eckert

Fotos: Lisa Rädlein

Traducción: Elena Sánchez

 

 

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